[Title reference: Belle de jour (Dir. Luis Buñuel, 1967)]

Hace más de un año que no escribía aquí, y la verdad qué bien se siente. He aquí mi nuevo escrito, redirigido de una encuesta hecha en Instagram y con base en lo que veo y analizo en mi día a día. No tengo estudios de género, ni de sociología, ni pienso tenerlos, todo lo que escribo son reflexiones diarias que hago cuando camino o tomo mi café… ¡Adelante con las imágenes!

—–

[CRESTOMATÍA]
La pareja llega muy enamorada, él le abre la puerta y deja que pase primero, ella lleva una bolsa de Pandora en mano y su termo Stanley en otra, muy enamorada lo abraza y besa mientras se dirigen a la fila para ordenar su café. Yo, metido en mi libro y con audífonos, dizque no oyendo lo de afuera, pero al pendiente de todo, me quedo analizando esa escena, en la que ella pide su bebida cara, un postre (porque domingo), y piensa si comprar un nuevo vaso de colección. En lo que él está pagando, ella lo pone también en la barra para que lo cobren. Él, viéndola como con duda, le dice que ahorita no, que ya tiene ese que trae, ella insiste, le dice que está bonito como él, él sonríe y dice que no, que ahora nop [sic] y así como fue, su cara de enamorada se transformó en una con chipo tieso, ojos idos y ese amor que había a la entrada había desaparecido. Ambos pasaron al área de entrega sin darse la mano, ¿dónde quedaron los abrazos y besos? Su atención ya estaba en el celular, ya no en él.


Desde el origen del hombre, sin irnos a lo religioso, sino a los hechos y a lo que marca la historia y la biología, el hombre siempre ha sido más fuerte que la mujer. ¿Me disculpo por decir esto? No. Hechos son hechos. Desde la época prehistórica, en la que me gustaría pensar que el hombre (como especie) convivió con dinosaurios y todos esos animales que sólo existen en nuestra imaginación, se estableció como un acuerdo entre hombres y mujeres «me gustas, nos apareamos, tenemos hijos, los proveo con alimento y tú los cuidas», fácil. ¿Por qué? El hombre iba de caza, brindaba alimento, techo, la mujer se ocupaba de cocinar y de cuidar a los hijos, porque al final, el humano es animal, y chequen a los animales, hacen lo mismo: los machos son quienes buscan el alimento y lo llevan con sus hembras y cachorros. En ocasiones, como con los humanos, cuando la hembra es mamá soltera, pues busca alimento para sus cachorros.

Si desde el principio el instinto animal ha sido, es y será preservar la especie mediante el apareamiento, ¿por qué ha cambiado tanto en estos años? En este espacio somos honestos siempre: tanto hombre como mujer escogen instintivamente a la pareja con quien quieren aparearse, tener sexo, coger como locos desenfrenados, no nos hagamos tontos. Las mujeres escogen a alguien fuerte y los hombres a la que mejor se deje doblar o cargar, no lo neguemos. Sexo es sexo. Y, a través de muchas generaciones, se estableció este acuerdo «Hombre: sale de casa a buscar alimento y dinero para la casa. Mujer: te quedas en casa al cuidado de los hijos». Fácil. Sencillo. Veamos a nuestras abuelas, a nuestras mamás. Quienes con tiempo y dedicación criaban a muchos hijos, luego fueron disminuyendo en número, pero las mamás eran quienes nos criaban, educaban, los papás sólo proveían. Pero ahora, ¿qué cambio?

En la actualidad, las dinámicas de los noviazgos entre personas heterosexuales han estado siendo moldeadas por una mezcla de expectativas modernas y con una interpretación distorsionada por una falsa lucha feminista que se quiere pintar de igualdad y equidad, que ¡ojo! Precisamente porque vengo de una familia matriarcal, me encanta que las mujeres tengan poder, estén en puestos importantes, que trabajen, que vivan una vida sexual libre y que no necesiten de alguien para mantenerse. Eso me encanta. Pero lo falso viene cuando, a pesar de que las mujeres han estado logrando avances importantes en términos de derechos laborales, educativos, sexuales, y una mayor autonomía económica, la realidad de muchos noviazgos refleja una perfecta contradicción.

Esta contradicción, en la que se clama por la igualdad entre hombres y mujeres, recae, en aprovecharse de los beneficios de los roles tradicionales del hombre proveedor y la mujer receptora, ya que aun cuando la mujer esté percibiendo un sueldo por su trabajo, tenga independencia económica y sea capaz de pagarse sus propias cosas, las expectativas que recaen sobre los hombres se traducen en una presión económica constante en la que siempre tiene que sorprender a su amada con flores, regalos, cenas, comidas, salidas, viajes, gimnasio, mantener a la preciosidad de su vida, sin que esta belleza ofrezca una reciprocidad justa en muchas ocasiones. Lo que alguna vez fue un intercambio genuino basado en afecto y compromiso mutuo ahora se ha convertido en una transacción donde los recursos y el esfuerzo material del hombre se convierten en la moneda para recibir de su bienamada algo tan básico como atención, cuidados, afecto y placer sexual en la relación. A eso le llamo una «prostitución disfrazada», una prostitución bien aceptada por la sociedad cambiante, que aún tiene ideas conservadoras y modernas según convenga. Porque fácil, el hombre da todo lo que puede y la mujer sólo tiene que abrir las piernas y hacer como que lo quiere, aunque muchas veces ni quiera al pendejo y el otro bien creído que sí.

¿Cuánto ganas? ¿Cuánto mereces?

En muchos casos, el hombre siente —desde que el cortejo comienza— que debe proveer constantemente a su amada para ganar su atención, su cariño y poco a poco, dependiendo los regalos dados, la susodicha podrá decidir si le entrega o no, no el bienbuscado, sino la atención y la oportunidad de seguir intentando abrir el cofre. Cuando el taradito ya la empalagó con flores, chocolates, salidas y se ha gastado lo mismo o más que con una AAA en unas tres o cuatro salidas, ahí sí ya, ya pueden preguntar si quieren ser su novia, y no solo eso, ni siquiera se dieron cuenta que el sí o el no dependió de que en esa cita ya saben cuánto gana, a qué se dedica, si tiene patrimonio (auto, casa, departamento), expectativas de vida, y bien por ellas, por inteligentes, y sólo a partir de eso, ya saben si abrir el cofre vale la pena.

Al esperar que los hombres mantengan un nivel de vida elevado dependiendo su edad y cumplan con estándares materialistas (como lo mencioné en el párrafo anterior) para mantener a su pareja interesada en ellos, éstos se dedicarán más al trabajo, quitando tiempo libre o de la supuesta relación para generar más dinero y ver a la amada sólo un ratito. Lo que debería ser que, aunque sean cinco minutos o media hora, lo único que me interesa es verte, aunque no vayamos a algún lado, sólo quiero estar contigo, se convierte en un «¿a dónde vamos?, se me antojó una hamburguesa» (porque cuando es gratis se les olvida la dieta), y el otro todo orgulloso contándole a los amigos cómo come, no, no come así porque sea chistosita, come así porque es gratis y se lo estás pagando. Si tiene que mantenerse en forma es, precisamente, para seguir gorreando, ¡amigo, date cuenta!

La pañoleta violeta, sólo cuando convenga.

Mientras que el feminismo aboga por la igualdad de derechos y responsabilidades entre ambos géneros (en ámbitos como la independencia económica, acceso al trabajo, obtención de puestos de mando), muchas mujeres todavía esperan que el hombre pague por todo, incluso cuando tienen la capacidad económica para aportar de manera equitativa. Esta actitud refleja una falsa lucha por la equidad, ya que se espera que los hombres se responsabilicen de la carga material y económica de la relación sin que haya una disposición de las mujeres a asumir responsabilidades similares. De esta forma, se perpetúa un desequilibrio disfrazado de feminismo, en lugar de un intercambio mutuo de apoyo, la dinámica se convierte en una relación de conveniencia, donde el hombre paga por la atención y poco tiempo que recibe.

Basta con ver en Threads algunos hilos donde las féminas se ofenden cuando se comienza a hablar del 50-50, dándoselas de muy valiosas y que si el hombre no tiene, entonces que no ande queriendo novia (¡¿entonces?!), u otras, peor aún, diciendo que no aceptarían andar con un papá soltero porque los niños le quitarían tiempo, cuando es bien sabido que las mujeres que son mamás solteras son luego las más encajosas con los hombres que no son «el papá de sus hijos». ¿HOOOOOOLAAA?

Ahora, más allá de lo económico, mediante los pagos en especie se establece implícitamente que los hombres deben «ganar» la intimidad de sus parejas, esta dinámica no solo reduce la relación a una transacción material, sino que también promueve una visión sexista y utilitaria de la intimidad, donde el afecto y el sexo se dan bajo la premisa de que el hombre debe pagar por cada pequeño gesto de atención emocional. Es una distorsión de lo que debería ser un intercambio basado en el respeto y el deseo mutuo, convirtiéndolo en una especie de «prostitución emocional» disfrazada de romance, para eso mejor paguen a una AA o AAA que incluya «trato de novios» y se ahorran tiempo, dinero y emociones.

Este tipo de patrones ha distorsionado la esencia de lo que debería ser una relación genuina de pareja, donde la conexión emocional, el respeto y el apoyo mutuo son las bases fundamentales, más allá de lo material o lo superficial, al final, se ha transformado en una especie de comercio disfrazado de igualdad, donde las mujeres, al reclamar derechos y libertades, no están dispuestas a compartir la carga de las responsabilidades dentro de la relación.

Por eso, qué bueno que Anora ganó el Oscar, porque mi chiquita, a pesar de ser cariñosa y cobrar bonito lo único que quería era ser amada, pero eso sí, nunca negó quién era, ni a lo que se dedicaba, hasta era justa porque en una escena le dice a Vanya que aún le quedaba tiempo para que lo aprovechara, no se hizo weya como muchas que sí reciben, pero no se dejan cariñosear. ¿Ah, verdad? Punto para mi cariñosa favorita. Y para las cariñosas en general, porque son mujeres que saben lo que valen, lo que brindan, cobran lo justo, se entregan de más, incluso más que las perfectitas, son psicólogas, amigas, hermanas, madres, y tan menospreciadas por cobrar por lo más valioso que tenemos: el tiempo y nuestro amor.

¿Y yo? Yo me quedo con mi 50-50, o con una tú, una yo; más justo y recíproco y eso sí, nada de esperar tantas citas. ¿Ven cómo los hombres somos más directos?

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.