Charles Dickens escribió una vez «No juzgue nada por su aspecto, sino por la evidencia. No hay mejor regla». Y es que es verdad. A medida que crecemos —o que maduramos, mejor dicho— vamos viendo que la evidencia, los hechos, los pelos en la mano son lo que es. No lo que uno espera. Ya sea esperar de la vida, del trabajo, de la familia, del interés amoroso. Lo que estás viendo, sintiendo, experimentando y viviendo, o incluso hasta sufriendo es tal cual lo que es. No le quieras cambiar y hacerte ideas de «es que capaz que mejora», o «y si esperamos un tiempo más a que suceda». Lo que no fue, no será, de Dickens me voy a José José.
Los últimos meses, ¿recuerdan el escenario del escrito pasado del chavo con 32 años y que aún no podía hacerles frente a sus papás y decidir su vida? Pues vale, que ese fue el escenario que tomé y, a pesar de haber estado ahí, siendo paciente, aprendiendo a aceptar los tiempos de él, tratando de entrar en su vida y que me considerase parte de esta —a medida de lo que fuese posible, como un apoyo, hombro, alguien con quien desahogarse— y por más y por más que lo intentaba y se lo hice saber, no se pudo, en casi tres meses de pláticas nos vimos dos veces en plan salida, y una vez más en plan trabajo, pero vamos, ¿tres veces en tres meses? Está bien, se entiende que el chavo tiene una vida y problemas, pero, ¡ENRIQUE, DATE CUENTA! ¡NO LE INTERESABAS!
Cuando realmente le interesas a una persona, ésta hará lo más que pueda para acercarse a ti, para coordinar que sus tiempos se junten, así sea un rato (cinco minutos o unas horas), ves la manera de trabajar en conjunto para estar juntos, le tomas la palabra de apoyo para consultoría, por muy tarde que salgas del trabajo, si tienes el medio de moverte, vas a su casa, te acuestas y te dejas abrazar por ESA persona. Aunque tengas que irte temprano. El chiste es pasar tiempo juntos, y sí, a pesar de que te haya dicho que por el momento no se podía tener algo porque su ruptura estaba reciente y aceptaste ello, demostraste ser lo suficientemente respetuoso para ella. Y, ¿qué crees? Tus expectativas no se vieron siquiera alcanzadas porque asumiste, imaginaste, pensaste y proyectaste que todo saldría de la manera que querías, esperabas y planeabas, porque —a pesar de pensar que sí— no dependía de ti, sino de la otra parte.
Cuando se piensa en ese algo, sea persona, trabajo, o cualquier otra cosa de la que esperas (lat. Exspectātum) o has visto a futuro que probablemente suceda y no sucede, te genera una frustración enooooorme, vaya, no tanto por el hecho de no haber sucedido sino porque, de cierta manera, lo que esperabas en beneficio para ti, no llegó, y no llegó porque, cariño, no tenía que llegar así. ¿Cuántas veces hemos aplicado para un trabajo del que esperamos que nos contacten y vamos, nada? Pero llega otro que resulta ser mucho mejor que el que esperábamos. Y así pasa con todo: a veces, quienes sabemos de mudanzas, nos esperanzamos con una casa o departamento y resulta que no se hace el trato, pero es porque viene otro que nos conviene más.
Y, como siempre, como nunca falta en mis escritos, en esta eterna —espero no sea así—búsqueda de ese algo llamado «amor», de ese grandioso, tan ardiente que hierve la sangre, que te acelera todo, que te mueve y deja sin aire, que te rompe el corazón y lo compone al instante, que te toma tal cual por quién eres, no digo que no nos emocionemos con alguien o que no queramos hacer planes (es natural, y más en esta parte de la vida en la que ya no estamos para jugar a andar de la mano, sino para construir en equipo), sino que nos dejemos llevar sin comenzar a soñar, dejemos que la vida sea la que decida, pero siempre siendo nosotros mismos, si eres alguien que se entrega, entrégate; si te reservas, resérvate; si eres cálido, abraza; si eres frío, chinga a tu madre, pinche frígido, pero no, ya en serio, no ocultes quién eres para agradar, pero jamás, jamás, aceptes las migajas que otro dejó para que te den. Mereces más. Quiérete más. Ámate más.
Y no por no tener expectativas digo que dejes de tenerlas y que no sueñes, que no anheles, claro que sí, hazlo y a lo grande, porque sabes lo que vales y lo mejor de no tener expectativas, es que llegará alguien, y/o algo, que las supere todas.


Deja un comentario