20 de agosto, 2023
Lugar: En cualquier lugar del mundo.
Pídele al tiempo que vuelva y, ¿qué cosas harías de saber todo lo que sabes ahora?
Retomando el capítulo anterior donde los veintontos no saben lo que quieren, los treintones pasamos por el laberinto de la soledad y los cuarentones y cincuentones cada vez se portan más niñatos, la cosa aquí es: ¿cuál es el precio que estoy dispuesto a pagar para tener esa relación que merezco?
- Escenario 1: Él tan hermoso, tan bello, de tu edad, un par de años mayor, niño bien de casa, y he ahí el problema: ¡niño! Aún tiene que pedir permiso a sus papás, a pesar de tener más de treinta.
- Escenario 2: Cincuenta años, un poco más, lo conoces desde hace años y sus pláticas te resultan interesantes, enriquecedoras, el tiempo con él no pasa, pero si se atora con la comida o se le va el agua chueca, empieza la tosedera de anciano, a ahogarse y a ponerse rojo, en una de esas te da miedo que se quede ahí y tú sin saber qué hacer.
- Escenario 3: Veinticinco años, ni allá ni acá. A la mitad. Llega a tu casa, se sube a tu cama. Se acomodan y comienzan a ver película. No te quieres ver ni atrevido ni urgido, pero ves que baja la mano y haces lo mismo con la tuya, coge tu mano y ambos aprietan sus dedos. Te acomoda de cierta manera que te hace sentir bien. Le pone pausa a la película y comienzan a besarse hasta quedar como pistola de silicón. Ambos disfrutan el momento, sin etiquetas, sin salidas, pero te gusta y quieres repetir, no sólo una sino muchas veces, así que mejor te calmas y buscas una excusa para que se vaya.
- Escenario 4: Estás caliente, es fin de semana, quieres que te den o dar una buena trambucada que te haga olvidarte hasta de cómo te llamas, pero estás cansado de una y otra vez, caer en el mismo juego así que abres Tw… perdón, X, te sientes Niurka y te haces el amor solito. Terminas. Te pones a ver una película, tranquilo. Sin presiones, sin estorbos. Te quedas dormido.
¿Cuál escenario es el más bonito?
Analicemos:
- Escenario 1: ¿Estamos dispuestos a aguantar a un niño de poco más de treinta años que no sabe lo que quiere? Que no sabe trabajar, conseguir las cosas por sí mismo, o cuyas decisiones dependerán de lo que sus papás decidan por él.
- Escenario 2: Wey, quieres un novio, no un pinche abuelito que ya ni ganas de coger tiene y tú diario te despiertas caliente. Aparte que se la pasa tomando, fumando o hasta babeando cuando duerme, ¿es neta que quieres ahora eso para ti?
- Escenario 3: Si decidiste que lo mejor sería no seguir con la cita y el momento por miedo a caer de pronto en la emoción, en primera te hace falta deshacerte de ciertas emociones, pero está válido, porque no sabes qué viene después y no quieres arriesgarte a enamorarte rápido.
- Escenario 4: Exactamente. Este. Porque el tiempo que invertimos en conocer a alguien debe ahora, sí o sí, generar interés, no pérdidas, no estamos ya para perder el tiempo. Ni con un niño que tiene que pedir permiso, ni con un señor que cada vez tendrá menos tiempo, ni con una cita que te llevará años de superación. Conforme pasan los días uno se siente mejor solo, porque así y sólo así, te cuidas a ti mismo, te proteges más que con PrEP y con condón a la vez, porque estás protegiendo tu corazón, ese al que le queda poco amor para dar a pesar de lo mucho que una vez tuviste y que nadie supo ver y tomar, y que cuando lo hicieron, fuiste el que no supo darlo.
Pero no importa que el escenario 4 sea el más bonito, porque aún así, aún con lágrimas —porque cuál sería el puta chiste de la vida si no lloras por el jodido malamor—, quieres tener a ese estorbo a tu lado, ya sea por unos meses o por unos años, quieres volver a sentir lo que sentiste hace años con ese que te dañó tanto, pero sin el daño, que ya, aunque haya daño, sabes que lo aguantas, porque te has vuelto más cabrón, te has vuelto vencedor y te has vuelto más tú. Has descubierto tu valor y quieres compartirlo con alguien, y está bien, está perfecto. Pero no con cualquier alguien, sino con alguien que sea igual de cabrón, vencedor y chingón que tú, alguien que no se conforme con cualquier cosa, alguien que sepa lo que quiere y lo que no. En pocas palabras, te quieres a ti mismo. Has aprendido a amarte y sabes que estás listo para volver a amar a alguien como tú.
Estás listo para amar a alguien que haya pasado por lo mismo que tú y con quien, sabes, terminarás de sanar, que será el mertiolate de tu vida (exactamente, no sirve para algo, pero tienes la idea de que cierra la herida). Y sabes que, aunque aún no lo conozcas, que no sepas cómo es su rostro, o su voz, o su físico, lo reconocerás, porque al amor no se le conoce, se le reconoce, y será ese tipo tan seguro de sí mismo que te sentirás seguro también, porque tu seguridad ya también está al máximo. Y las cosas pasarán, sin necesidad de hacer que pasen.
Pero, volviendo al tema, ¿cuánto estamos dispuestos a pagar? Cuántas noches más en soledad, cuántas citas más, cuántas apps de ligue, cuántos perfiles más, cuánto tiempo más. Ya nos queda poco, ya vamos de salida, y me rehúso a ser uno de esos señores que tengan que pagar por compañía, ¿dónde está pinche cabrón que tiene que llegar a mi vida? Porque qué hijo de puta tardándose tanto.
Ya no quiero perder el tiempo, pero aún así debo seguir invirtiendo en ello, porque es la única manera de obtenerlo; si no arriesgo, no gano, y miren que perder, es algo que no me gusta y ni sé, porque, aunque al principio una derrota parezca pérdida, no es mas que una gran ganancia. Siempre aprendemos algo nuevo, por mínimo que parezca, es por ello por lo que no odio a alguno de mis exes, o a algunos de mis casi algo, porque todos me han dejado alguna enseñanza.
Todos ellos han sido maestros en mi vida, y me han hecho ser este Enrique que soy ahora. Sé que lo voy a encontrar, que lo voy a tener, pero jamás a retener. Porque, como le dije a un hombre que reconocí hace unos años, cuando todo parecía perdido, «te amo en libertad, porque en nuestra libertad hemos escogido amarnos y estar con nosotros, jamás te enjaularé, porque ambos debemos volar y aprender a seguir fluyendo, como el agua, como el aire, si hemos de estar nuevamente, lo estaremos, con la misma libertad con la que ahora estamos» y he ahí, el peso de la libertad en el amor. Amar y estar, o amar sin estar, pero nunca estar sin amar.
Entonces, ¿tenemos tiempo para dedicarnos a la búsqueda o dejaremos que pase sin intentar hallar? Por mi parte, sé que, aunque me desesperen unos tantos, y otros mejor ni intentarlo, dedicaré un poco más de mi tiempo, hasta que aparezca, porque a su tiempo, llegará.
END OF BOTH PARTS


Deja un comentario