16 de julio, 2023

Lugar: En cualquier lugar del mundo.

Los ramos de flores. Las cartas acompañadas con estrellas en hojas de colores. Los globos en San Valentín. Las salidas al cine aún con las manos nerviosas y sudando, esperando ese beso. La primera vez, llena de nervios y emoción, con el hombre que amas. Los viajes por carretera con tu novio, quedándose en hoteles de paso, comiendo en paraderos, lo que fuera era bueno porque estaban juntos…

Ese tipo de cosas, a algunos —como en mi caso— nunca nos pasan. Lo que sé, como casi todo lo que sé, es por las películas, libros o televisión. Ese tipo de cosas sucedían, o debieron suceder durante los late 10s, early 20s. Las cosas que me pasaron en mis veinte, si bien fueron muchas y nada gratas, me han hecho ser el tipo de hombre que soy ahora, quizás un poco más frío, más racional, nada apegado. Viajé con quien creía que era mi novio (pero era novio de alguien más) a Toluca y me dejó en un hotel solo durante dos días (pagado por mí) porque, precisamente, fue a ver al novio. Qué cabrón. Con otro, de mi universidad, salí algunas veces, le ayudaba con cosas de la escuela, con tareas, sus amigos también eran beneficiados. A veces nos dejaban solos, o íbamos a comprar cosas juntos, nunca me atreví a hablarle de lo que sentía por él. Tiempo después me enteré de que sí tuve oportunidad. Lloré.

Con el paso del tiempo, conforme vas creciendo, vas aceptando que ese tipo de cosas pueden ya no, o no, llegar a pasarte. Ese tipo de relaciones van quedando atrás, el tipo de relación con la persona que pudiste haber empezado un plan, un plan de crecimiento laboral, personal; que los viajes después de la universidad han quedado atrás, que las pláticas que teníamos con esa persona, han quedado atrás y que, si bien nos va, vendrá una estrella a hacernos compañía.

Conforme vas adquiriendo más experiencia, años y daños en las relaciones vas conociéndote también y aceptando tú mismo tanto tus virtudes y tus defectos, sabes qué quieres, qué ofreces, qué aceptas y qué no. El saber qué no quieres en una relación es algo importante, y muchas personas pueden llegar a sufrir por no saber cuáles límites poner en su relación. Como todo en esta página es basado en historias reales puedo decir que, derivado de mi pasada relación, quedé titulado y licenciado para no cometer pendejadas sin pensar, accionadas por impulsos pendejos del corazón, que sólo nos llevan a un abismo de malestares estomacales, noches sin dormir, estrés evitable y cuentas bancarias destrozadas.

Al llegar los treinta pensé que mi época había terminado, que mi vida en el mundo de las citas ya no existiría, y vaya, ¡que qué equivocado no estaba! A pesar de ahora tener pegue con los chavos de veinte, treintones y cuarentones, cada vez se me ha vuelto más difícil establecer un vínculo, ya no digamos afectivo sino intelectual con los demás. Los veintitontos cada vez están más preocupados en su apariencia física, en los seguidores de TikTok, en generar contenido, pero del cerebro, ¡madre mía! ¿Dónde está? ¿Dónde lo tienen? No me extraña que hayan creado una Inteligencia Artificial, si se vienen generaciones llenas de pendejos. Son pocos los que se salvan y con quienes es grato mantener una conversación inteligente.

Los de treinta estamos pasando por unas rachas un tanto raras, en el trabajo ya estamos establecidos, con miras a crecer, pero sabemos que igual nos queda poco tiempo. El trabajo de por sí nos lo consume, el tiempo que nos queda libre es para ir al gimnasio, hacer algunas compras; si bien nos va, salir un poco con amigos o solos, pero el mayor tiempo ya queremos estar en casa. Tranquilos. Sin gente.

Y los de cuarenta en adelante, pobrecitos, vaya que los entiendo. Si de por sí, a uno le costó trabajo salir del clóset, a estos más, muchos de ellos con una vida hetero, escondiéndose aún, otros no tanto, pero queriendo vivir lo que no vivieron durante la juventud, que llegan a ser ridículos. Pero ridículos en plan, «amigo, date cuenta de que las cejas depiladas no te van», mi cara es un eterno «¿quién la maquilló» cuando los veo. En otros aspectos, son súper celosos, inseguros, manipuladores, sino pregúntenle al toluqueño con su corneador, vamos, una cosa divina.

Y, analizando las edades, los intereses, las distintas perspectivas, I couldn’t help but wonder… ¿es realmente imposible encontrar a esa persona que, si bien no necesitas, te alegraría tener en tu vida a esta edad?

Si bien hubo un tiempo, como lo he mencionado con anterioridad, en el que hubo alguien con quien pude empezar desde cero, tipo desde dormir en colchón en el suelo, y Dios sabe que sí lo hice, y que lo hice cuando ya todo había terminado, ahora ya no. ¿Por qué habría de dormir en un colchón en el suelo a esta edad? ¿O por qué habría de privarme comer en lugares ricos? ¿O ver una película en el cine las veces que se me antoje? Sólo porque la otra persona no puede.

Ya sea por diferencia de edad, de profesional, de nivel socioeconómico, o cultural, es importante que la persona con quien deseas salir se asemeje a ti. Si bien al principio puede parecer no importante, a la larga se vuelve un problema que tú y tu pareja tengan contextos distintos, ya no se diga de objetivos sumamente opuestos. Y he aquí lo más importante: esa persona no debe hacerte, ni tu permitirte, perder el tiempo.

El tiempo, tan valioso y, a la vez, tan menospreciado. El tiempo que invertimos, en platicar, en conocernos, en agendar una salida es tan importante, que esta salida debe ser especial. Otorgada una vez hayamos acordado distintos puntos, ver si vale la pena o no. Pero para esto hay que definir, ¿qué es lo que realmente quiero y espero conseguir en una persona? ¿O en varias?

END PART ONE

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.