«Cuántas historias en ramas entrelazamos.»
Se dice fácil, pero treinta años son diez mil novecientos cincuenta días, días que a veces parecen no terminar, que se alargan más de lo necesario, que deseas que pasen lo más pronto posible, pero que al final de todo siempre terminan, y si eres listo, dejan algo, es por ello que preferí —a pesar de las alegrías, momentos especiales, sonrisas, amores— celebrar y agradecer…
…a todos aquellos compañeros que escondían mis libretas, libros o ensuciaban para tratar de perjudicar mis calificaciones;
…a quienes se dieron cuenta que era «puto» mucho antes que yo, y que ahora estoy orgulloso de ser quien soy y amar a quienes he amado, amo y amaré;
…a quienes se burlaban de mí por cualquier cosa, porque con sus burlas, aprendí a reírme de mí y no permitir que alguien tomase mis defectos para dañarme;
…a los malos maestros porque, a su vez, fueron los que más enseñanzas me han dado;
…a los malos jefes, porque me han enseñado con su experiencia a cómo no ser como ellos, a cómo no hacer las cosas, para que pueda ser alguien que deje una huella positiva en quienes colaboren conmigo;
…los rechazos amorosos, porque he descubierto que merecía más que lo que veía en ellos;
…las relaciones tortuosas y hermosas que terminaron porque hasta ahí daban, porque me enseñaron quién soy y qué busco en alguien más, pero más quién puedo ser en una relación;
…las puertas laborales que se me cerraron, a aquellos reclutadores que pasaron de mí, porque ahora, por fin, tengo un trabajo donde puedo ser y dar lo mejor de mí, sin limitarme en exponer mis ideas;
…los planes que tenía para mi vida y las decisiones, que en su momento creí errores, porque me han llevado por un camino completamente diferente, pero con pasos más firmes;
…los actos que cometí poniendo en peligro mi sustento, porque me demostraron que los valores y la ética, pero saber que hiciste lo que tus principios dictaron siempre estará por encima de cualquier comodidad, al final todo se recompensa;
…las enfermedades inesperadas, pero que llevan contigo tanto tiempo que aprendes a vivir con ellas, sabiendo que no vales menos por ello;
…los momentos de crisis y problemas, donde gracias a Dios, te demuestra quiénes no deben estar en tu vida;
…esos amores perdidos, porque te hacen valorar más a los amores actuales;
…la muerte de aquellos quienes amamos, para aprovechar a quienes aún viven;
Qué vivan también aquellas noches donde la tristeza me hacía querer morir, porque aprendí que mi amor hacía mí es más fuerte que hacia alguien más;
Qué vivan los problemas que no parecían tener fin, porque me demostraron mi resiliencia y fe;
Qué vivan las adversidades y los espacios incómodos, porque al adaptarnos, nada nos puede romper.
Agradezco todo aquello que en su momento pensé era malo, porque me ha hecho ser el hombre que soy ahora, y me acerca un poco más al que quiero ser.
Gracias por estos treinta años, me conformo con unos cuarenta más.


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