Es demasiado chistoso cómo la vida se pone jugar con nosotros en momentos específicos. Una persona muy importante para mí me preguntó hace cinco minutos si regresaría con algún ex. Sin dudarlo un instante mi respuesta fue «No», no, porque si terminamos es porque algo no iba bien, no nos hacíamos bien, y esto no quiere decir que no los haya querido o quiera aún, claro que lo hago. Todas las historias que tenemos en nuestra vida nos dejan algo de regalo y esa historia, persona, es irremplazable. Y me sacó de onda porque es justo de eso de lo que quiero hablar desde hace cierto tiempo, los hubieras, los deseos, los anhelos, todo aquello que en este preciso momento no existe, que no es real, al menos de manera tangible porque —pienso— desde el momento en el que uno concibe una idea, un anhelo, un sueño, esto existe y, de cierta manera, lo vuelve real.

Y es justamente cuando uno se detiene a pensar en momentos en los que uno fue feliz de cierto modo, o triste, y ahora —desde otra perspectiva— podemos decir «si en ese momento HUBIERA (desde aquí, el hubiera y el evento comienza a existir en nuestra cabeza) hecho, dicho, tal cosa, ahora ESTARÍA/SERÍA tal…», ¿me captas hasta aquí? En este momento estamos creando una línea de tiempo imaginaria en la que de las decisiones que tomamos de manera errónea en su momento, ahora, con la madurez necesaria lo hacemos distinto y creamos un realidad imaginaria en nuestra cabeza, comenzamos a jugar con los tiempos y las distintas bifurcaciones que podrían suceder en esa historia que hemos creado para darnos un poco de paz, o quizá de esperanza, en que eso está sucediendo en alguna otra parte, aunque esa parte sea nuestra cabeza. Y es una de las más feas y tristes, porque es aquella que aunque el momento haya pasado, no puedes regresar y cambiarlo. Ejemplo: comienzas a hablar nuevamente con tu ex y entienden muchas cosas de su vida, tanto en pareja como por separado y ya no hay algo por hacer, pueden ser amigos, pero ya no se puede hablar más sobre amor, contar más cosas relacionadas a porque ya no van a regresar, porque por mucho amor que haya, ya no existe tal relación y no existirá porque ambos quedaron dañados de cierta manera, y están mejor por separado, y por mucho que se amen y extrañen y recuerden sus días en casa, durmiendo y amaneciendo juntos, las decoraciones que hicieron, el hogar que formaron, nada es lo mismo, porque el miedo estará de terminar nuevamente, porque así hayan aprendido a hacer las cosas mejor, siempre estará el recuerdo de lo que fue y no fue, y lo que no fue, es eterno.

También hay otro momento, en el que te detienes a pensar, en el que extrañas una vida, pero ahora a futuro, una vida que podría no pasar, aunque bien podría ser.

Ejemplo: El sábado pasado, me detuve ante una construcción, o deconstrucción, y le hice una fotografía, en ese momento pensé sobre lo mucho que me encantaría/gustaría/amaría hacer de ese espacio mi casa, le pondría una fuente en medio para que siempre hubiera agua, del lado que da hacia el parque serían dos pisos, en el de abajo un estudio tanto para mí como para la persona con quien imaginé estaría ahí, un espacio muy natural, en contacto con la vida, el lado de arriba, la recámara. Un gran ventanal que abarcase ambos pisos. Imaginé la construcción muy mexicana, una cocina grande, semiabierta. Luminosa y de talavera, con herrería muy sencilla, elegante. Imaginé nidos, para que las aves llegasen, descansaran y se fueran cuando deseasen hacerlo. En ese momento, a pesar de que todo estaba o está en mi mente e imaginación, me dieron ganas (sí) de llorar, de llorar por algo que extrañaba, por algo que, aún sin existir, anhelaba regresar a ello, como si ya lo hubiera vivido y lo sentí tan dentro, tan profundo que, si lo pienso, aún duele.

Al utilizar en el párrafo anterior los modos condicionales, estaba creando en mi vida una especie de realidad que bien podría ser al tener, en este caso, el recurso económico para comprar la casa: Si tuviera el dinero, compraría la casa y realizaría todas las modificaciones necesarias para que esa vida que acabo de imaginar se materialice. Esta nostalgia sucede al caer en la cuenta que no hay dinero y quién sabe qué vayan a hacer con la casa, este sueño o idea se destruirá porque habrá una nueva construcción. Entonces ahora, donde estoy sentado, rememoro el momento en el que imaginé una vida futura que no será posible porque no depende de mí ya.

Lo fuerte de todo fue, al haber subido la fotografía como historia en Instagram la persona con quien imaginé vivir ahí, contestó a la misma y pensó exactamente lo que pensé. Exactamente lo mismo. ¿Existen tales conexiones? ¿Hemos estado antes juntos?

La casa que imaginé.

¿Y cómo es posible extrañar algo que aún no existe físicamente, que ni siquiera ha pasado, que no se sabe si va a pasar o no? Otro ejemplo, hace poco más de un mes, pasé una tarde maravillosa en compañía de alguien a quien conozco desde hace diez años, son pocas las veces que nos vemos, pero cuando lo hacemos, valen toda la espera. Estábamos los dos, nadando y pasando el rato en el agua cuando de repente soltó que se sentía tan solo, tan vacío, y yo confesé lo mismo, porque así es como me siento a veces, o por lo menos en ese momento me sentía así. Comenzamos a hablar sobre ello y concordamos que ese momento que estábamos viviendo ya lo estábamos extrañando, y no sólo eso, extrañábamos, sin saberlo o pensarlo en ese momento, la vida que ambos estábamos viviendo en nuestra mente. Porque así es, en cierto momento algo sucede que la mente nos comienza a jugar mal y hacemos una vida alterna. Y extrañé el estar juntos, el pasar las noches cenando los dos, platicando, cantando, haciéndonos cosquillas. Extrañé esos días que fueron, pero que podrían ser, extrañé la vida que si bien aún no es, pero fue, aún podría existir. Porque he imaginado la vida juntos, las cenas, ir juntos a pasear, algo tranquilo. Incluso sin importarme la diferencia de edades que existe entre nosotros (es mayor que yo), la cual nunca me ha importado, he imaginado y anhelado ello.

Y me pasa igual con algunos sueños, los sueño y despierto llorando porque los siento tan reales, tan míos, tan parte de mí que al despertar y darme cuenta que no son reales, me da un bajón muy fuerte, pero… I couldn’t help but wonder, ¿realmente no son reales? Vamos, no pude evitar pensar en lo visto en Dr. Strange in the Multiverse of Madness (Dir. Sam RAIMI, 2022), el hecho que Wanda soñaba a sus hijos era porque —bueno, es película— existía este mundo alterno donde ella estaba con sus hijos, ¿es posible que existan estos mundos donde nuestros sueños son reales? ¿Donde esa es la realidad y acaso nuestra vida de ahora es un sueño de otro mundo?

Y entonces, sigo pensando, ¿por qué duele tanto esta nostalgia? Duele porque no sabemos si mañana, o incluso al rato, seguiremos vivos; no saber si viviremos eso que anhelamos; no saber si será real; tenemos miedo a estar equivocados, a imaginar algo que no pudimos, o podremos, lograr, porque nos da miedo fracasar. Y pienso también, ¿es por ello que me gusta la escritura? Porque pienso que así, y sólo así, puedo crear estas vidas, estos sueños, estos universos y no por ello dejarán de ser irreales, serán reales aunque sea en papel, serán reales porque así nacieron en mi cabeza, serán reales porque existen aunque en el aquí y ahora no se puedan ver o tocar, sentir o vivir. Y a últimas, ¿quién dice que no estamos ahora dormidos y al despertar estaremos viviendo ello porque es nuestra vida de verdad?

Title reference: «Future Nostalgia», Dua Lipa.

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