Debo confesar que di positivo durante mi cuarentena, pero no, no al COVID sino a mi manera de ver las cosas.

Quizás esto se lea un poco descabellado, fuera de lugar o falto de interés en un ambiente políticamente correcto, con tanto tiempo que tienen las personas para pensar en tonterías, todo insulta ahora.

Quiero comentar un poco sobre mi confinamiento: lo comencé el doce de marzo, decidí cuidar mi salud y la de mi familia, sin salir –que tanto amo caminar-, sin ir a pasear ni a la tienda siquiera. Afortunadamente me tocó el inicio de esta en mi casa, en Xalapa, aunque estaba por comenzar a trabajar el día treinta. Sí, ya no se dio. Aunque al principio me estresaba ese aspecto de no poder tener el trabajo, al grado de dormir hasta las siete de la mañana o un día no dormir en absoluto y desde temprano comenzar a hacer la limpieza de la casa, pero después agradecí que no tengo responsabilidades que me hicieran sufrir por el trabajo. Adopté una rutina de ejercicio, de limpieza, de lectura, pensé que duraría pocas semanas, pero no. Aquí seguimos. Poco a poco me fue gustando pero a la vez me estresando el hecho de sentirme un completo inútil, para mayo, decidí salir al cumpleaños de una tía (enfrente de mi casa) y por la tarde noche, nos enteramos que a mi padre le había dado un infarto en Catemaco, un lugar a cinco horas de Xalapa, donde estaba cuidando a mi ahora difunto abuelo. En fin, que fuimos toda la noche en carretera hasta donde estaba para verlo, al otro día regresé y mi madre y hermana se quedaron con él. Poco a poco me tuve que ver en la necesidad de romper mi cuarentena, con las respectivas medidas de seguridad claramente. Aunque en sí no he sido apegado a mi padre, eso me hizo valorar más a mi familia, el no saber en qué momento nos vamos a ir de esta vida y que todo se resume a momentos, instantes. En un momento tenía una muy buena oferta de trabajo, y en un instante todo cambió. En un momento tenía un padre, y en un instante se murió y revivió. Y son precisamente esos instantes los que te hacen darte cuenta de lo afortunado que eres en los momentos difíciles: tuve la oportunidad de estar con mi familia y de poder tener una segunda oportunidad con mi padre.

A grandes rasgos, fue eso, aunado a que jamás ha faltado alimento en casa, hemos tenido trabajo de elaboración de postres, de chiles en nogada ahora en temporada y otros platillos. He podido por fin sentarme a establecer precios de alimentos y difundir lo que vendemos, algo que desde hace tiempo he tenido ganas de hacer. He tenido también la oportunidad de sentarme a escribir mi nueva novela, a editar la primera y enviarla a concurso. He podido aprender nuevas cosas gracias los cursos gratuitos, oportunidades ha habido para quienes las hemos sabido apreciar. A veces sí me pongo en plan por qué otros no pueden estar bien como uno, sé que es algo que no me corresponde pero sí hay que pensar que uno que puede, puede hacer algo para ayudarles. Entre muchas otras cosas, aún parece que fue ayer cuando conocí a Arturo, alguien que me enseñó a amarme, a darme mi lugar y que tengo mucho amor para dar y no quedármelo, sino expresarlo, sentirlo, vivirlo y no pensar que no merezco amor, ni que soy poca cosa, mucho menos pensar que soy alguien que no puedo ser amado, porque puedo serlo y, aunque hoy ya no está, él siempre estará conmigo. Conocí a Luis, conocí a Hernán. He conocido a otros. Quizá por aburrimiento, quizá por la soledad que a veces pega en tiempos de aislamiento social. Quizá porque a veces hace falta comunicarnos con alguien que pensamos nos puede entender.

Y aunque la vida que me ha tocado me ha permitido ver todo con la perspectiva positiva, no está mal que nos propongamos ayudar de la manera que nos sea posible a aquellas personas que no tienen los recursos que tenemos. Pero el hecho que a otras personas no les haya tocado eso, no nos debe hacer sentir culpable, eso está mal. Nadie nace eligiendo dónde nacer.

Quiero enlistar algunas de las cosas que he vivido, aprendido y reflexionado en estos meses:

  • Todo, absolutamente todo, es efímero. Debemos aprovechar cada momento que tengamos con nuestros seres queridos;
  • De igual manera, el hecho de aceptar el punto anterior me llevó a retomar amistades que tenía años sin fomentar y que extrañaba. Personas que admiro y que quiero han regresado a mi vida;
  • Jamás es tarde para aprender cosas nuevas, gracias las plataformas digitales (Google Actívate, Coursera, IMSS, LinkedIn Learning, entre otras) pude tomar cursos que me certificaron, lo que podré añadir a mi Currículum y a mi perfil de LinkedIn con el fin de poder ser un mejor candidato para los empleos;
  • Podemos vivir sin gastar tanto: no hubo cine, no hubo Starbucks, no hubo restaurantes, todo esto (sí, repercute en la economía nacional lamentablemente) hizo que me diera cuenta que puedo vivir sin ello y no gastar más de la cuenta, tampoco son necesarias para vivir. Podemos cocinar en casa, comer en familia, en el jardín, en el balcón o en la terraza y será algo nuevo y agradable. Las películas, hay demasiadas en streaming que podemos ver y aprender mucho de ellas. Muchas plataformas dieron meses gratis como apoyo a esta contingencia. Y, en cuanto a los gastos hormiga (café, botanas, comida rápida) pues nos ahorramos tanto dinero como calorías;
  • Aprendí también que soy capaz de resolver muchas cosas cuando me las propongo: retomé mi negocio de organización de espacios y gestión de tiempo para volvernos más productivos en nuestra vida diaria;
  • Las personas llegan a nuestra vida para enseñarnos cosas, incluso las que ya estuvieron y regresaron y vuelven a irse, todas nos enseñan algo nuevo y de eso hay que aprender para no volver a cometer los mismos errores;
  • Aunque soy reservado con mis cosas, me guste estar solo, y prefiera pasar mis ratos en calma, a veces extraño el contacto humano, poder salir a la calle y darme mis baños de pueblo, poder estar en el alboroto, escuchar distintos sonidos, no solo los de la calma que reina en la casa;
  • Extraño poder ser libre, caminar, andar por muchos lugares sin miedo a enfermarme, extraño también trabajar, sentirme útil, activo, movido. Me encanta estar todo el día en acción, no sólo acostado o sentado o comiendo;

Y la última, que a veces está bien sentirse mal, darse un tiempo para sí mismo, llorar si se tiene que y aceptar que muchas veces necesitamos cuidar nuestra salud mental, sí, está bien deprimirse un poco y no tener siempre una sonrisa en la cara pero hay que darse cuenta hasta qué tanto estamos llegando. La salud mental no es un juego y hay que saber atenderse a tiempo. Muchas veces la ansiedad, el estrés, la incertidumbre, el sentirse triste o sin ganas de hacer las cosas se toman a la ligera y se hace burla de ello pero no es divertido cuando se incrementa. Siempre hay alguien dispuesto para ayudarnos.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.