«¿Qué es lo que te gusta tanto del amor que tienes tantas ganas?», me preguntaste.
«No lo sé, sólo lo siento. Sentirlo. Vivirlo. Incluso este dolor o trago amargo me hacen sentir. Sentir que siento». Fue lo que contesté vagamente. No quería pensar en algo tan grande como eso. No quería hablar de amor en ese momento, estaba triste y qué difícil es hablar de amor sin caer en la definición. Sin poder evitar ser pedante o vulgar, ¿niño, qué quieres de mí? No, tampoco soy Miguel Bosé. Días después esa pregunta seguía en mi cabeza. Seguía tratando de contestarte de una manera que no fuera tan cursi pero tampoco tan compleja, porque quién puede en sí hablar sobre el amor de una manera tan sencilla, nadie.
El amor, tan solo como definición o concepto base es aquel sentimiento relacionado con el afecto y el apego, resultante y productor de una serie de actitudes, emociones y experiencias. Filosóficamente, como todo el afecto, bondad y compasión del ser humano. O incluso como acciones dirigidas hacia otros o hacia sí mismo basadas en el afecto. Tan sólo desde describirlo como un resultado de emociones ya sabes que es algo tan fuerte que te mueve, motiva, estimula. ¿Te das cuenta que el amor en sí lo que mueve todo? Mueve que te levantes temprano para trabajar porque quieres un bien para ti, es un amor propio. Mueve que las cabezas de familia hagan lo mismo para que no les falte algo a sus hijos, a sus parejas. Movió a nuestros padres para procrearnos y darnos lo que nos hayan dado. Todas las acciones asociadas al amor resultan poderosas, irresistibles diría yo. Date cuenta, el amor es el eje de casi todas las películas, libros, le escribimos al amor, al amor remanente de experiencias con una persona, del amor a la memoria, a lo vivido. Y es tan frágil, tan débil que te da tanto placer el sentirlo, el vivirlo, que ejercer un poco más de fuerza sobre el mismo te da un dolor indescriptible. Placer y dolor a la vez, y ese es el miedo que da amar. Todo depende de la fuerza con la que lo manejes, puede ser tan fuerte que sea tan placentero que te lleve al orgasmo, o tanto que te lleve al borde del suicidio.
Es como el fuego, debes controlarlo, regular el combustible de forma que no se apague ni se propague. Y qué bonito es esto, si te das cuenta. Todos tenemos combustible en nuestro interior, que vamos regulando según la persona con la que estamos, con alguna relajamos tanto la perilla que el fuego sale y sale y se crea una llama inmensa, hermosa, que con distintas experiencias va cambiando de color. A veces rojo, a veces azul, a veces rosa o verde. Si la otra persona no aviva ese fuego, el combustible va bajando hasta que se apaga y después es difícil encenderlo de nuevo. Cuando esa persona lo aviva de más y tú el de esa persona hay que tener cuidado de juntar los fuegos porque puede ser tan grande la flama que incendien una casa entera por toda la pasión que sienten.
También es como el agua, voluble, cambiante y adaptable al recipiente que lo contenga. Se va llenando poco a poco según lo vas vertiendo y va adoptando la forma que quieres que tenga, amistad, amor de pareja, amor de familia, cariño pero hay que tener cuidado también cuando el recipiente no le es suficiente y empieza a regarse porque, como todo lo que fluye, jamás cesará si no se le tiene pendiente y el recipiente no lo podrá soportar. Como una presa, el agua fluye por el río pero si se le detiene llega el momento en el que la rompe y no hay vuelta atrás.
El amor es como el aire, lo respiras, es invisible pero lo sientes. Sabes cuando el amor corre por los espacios, cuando los llena, cuando refresca. El amor no se puede detener, no se puede ocultar. El amor es energía, vibra, lo respiras y te llena. El amor debería ser un virus que nos infecte a todos, pero la vida, el miedo al dolor que el mismo provoca nos ha vuelto inmunes y no nos infecta, a menos que nuestro sistema sea lo demasiado puro como para dejarlo entrar en él. El amor existe, no lo puedes tocar pero se materializa al entrar en contacto con esa persona especial, le cubre de un brillo especial que hace que tus ojos brillen con la misma intensidad, te mueve las facciones que sonríes al verle o incluso pensarle, te paraliza cuando tienes miedo de quedar mal. El amor es inteligente, el tonto es uno.
El amor también es como la tierra, se debe abonar, cuidar, fomentar para que sea fértil, para que siga sano y dando frutos, alegrías. El amor no debe dejarse podrir, el amor podrido apesta tanto que nos arruga la cara y andamos con cara de asco todo el tiempo. Apesta tanto que los demás nos huyen. El amor debe ser regado con paciencia, con tranquilidad, con delicadeza y con más amor. No puede ser de otra manera.
Así como el rojo, el azul y el amarillo son colores que no se pueden sacar de otros (así como el violeta, naranja, verde o café o cualquier otro, el amor tampoco puede sacarse de otra cosa. El amor nace siendo amor, que se vaya desarrollando conforme se le procura es diferente, pero el amor es como la vida misma. Deja reposar agua por unos días, que se estanque, a la semana verás pequeñas larvas que se mueven poco a poco irán creciendo hasta ser renacuajos, así es el amor pero en bonito. Espontáneo. Sólo nace y se le tiene que dejar ser. Si se le mata, muere una parte de ti.
Así como el fuego, el agua, el aire y la tierra, el amor también es un elemento. Y es el más importante de todos. Y somos pocos los que vemos eso, no todos los ojos están desvendados para notarlo. Nosotros, los afortunados, lo vemos, lo sentimos, lo vivimos. Lo gozamos, pero también lo sufrimos si no resulta de la manera que, egoístamente, pensamos debe ser. Y he aquí algo muy fuerte para nuestra concepción y cultura del amor: el amor, como toda manifestación de energía espiritual debe ser libre, debe fluir, debe ser y existir sin ser retenida o encauzada hacia una sola cosa o persona ya que, como el ejemplo de la presa, tanta energía terminará por destruirla.
Sufrimos y lloramos por el amor egoísta, el que queremos sólo para nosotros, no para otros más cuando el amor, si es amor de verdad, es libre. Ejemplo más común: el amor de los padres hacia los distintos hijos, el amor es el mismo y esta direccionado en las distintas personas. El amor de los hijos hacia los padres, hacia los hermanos. El amor hacia los amigos, a unos más que otros debido a los momentos compartidos y hasta aquí todo bien. Pero qué hay de ese amor carnal, apasionado y sexual hacia esa persona especial, ¿por qué ese amor tiene que ser egoísta? Si algo he aprendido del amor de pareja es que, si bien esa persona que has seleccionado y ella a ti te satisface en distintos planos y es tu pilar, tu fortaleza, tu motivo de ser y tú lo mismo para ella, pueden estar bien así y complementarse el uno al otro y crecer juntos a la par como la pareja que son, pero por qué celar, por qué querer que esa persona sea para uno solo cuando, admitámoslo, en ocasiones hemos deseado estar con otras personas. Uno sí y la otra parte no, es algo injusto.
Aquí, si bien es complicado de explicar, no lo es tanto de entender una vez se entiende al amor como energía y como fuente de estabilidad sentimental. Otro ejemplo: una pareja común, hombre y mujer. La mujer, está criada de forma que ella sólo debe estar en casa y el esposo trabaja, pero el esposo anda con otras mujeres y la mujer está en casa siendo la esposa fiel y sumisa. Aquí el esposo es infiel, puede tener otras familias, y crea en la esposa oficial un sentimiento de inferioridad, de baja autoestima por sentir que no es suficiente mujer para su marido, ¿por qué? Una, por la educación y dos, por la falta de confianza y apertura mental para aceptar que, como animal, el instinto de reproducción es tan fuerte que no se puede contener del todo.
Otro caso: una pareja de hombres, llevan tres años de relación, por poner una cantidad algo grande, por lo regular es al año. Ambos aceptan su naturaleza, y deciden abrir la relación estableciendo normas para el respeto de la relación. Principalmente es sólo apertura sexual, el poder estar con otras parejas sexuales sin que eso cambie en absoluto el sentimiento, el amor entre ellos y lo que sea que han venido construyendo. ¿Qué genera esto? Confianza, comunicación, apertura y una relación más fuerte y libre de celos, problemas, chismes, y demás cotilleos que pudiesen destruirla. Unos eligen estar ambos con los otros participantes; otros, cada uno por su parte, a veces contándose entre ellos o sólo sabiendo sin caer en los detalles. ¿Qué pasa cuando la relación se vuelve poliamorosa? El amor sigue fluyendo, ahora entre más personas con otra vibra, como una familia que se agranda y entre todos se quieren y se dan amor con el plus sexual. Pero eso es algo más grande de explicar ahora.
Ya que puse el contexto del amor, respondo a la pregunta: qué me gusta tanto que tengo tantas ganas. Me gusta la energía que emano, la felicidad que transpiro. Amo sentirme feliz, con una sonrisa en el rostro. Amo saber que ese hombre también es feliz gracias a lo que estamos experimentando, amo la forma en la que le sueño, en la que le imagino, le deseo. Amo imaginar que podemos construir algo juntos, algo de los dos, que los dos podemos crecer al tiempo y hacer algo grande que sintamos propio, ya sea para nosotros o para la humanidad. Amo sentir cosquillas todo el tiempo, amo los nervios que me dan al escucharle hablar, al sentir su piel con la mía. Amo escuchar su respiración y saber que está vivo. Amo verle y disfrutar comer, cocinar.
Y no es una idealización pero sí es un deseo, deseo ver a ese hombre que me haga sentir eso. Que también me haga sentir protegido y a la vez protegerle, quiero enamorarme y saber que a su lado estaré bien y él al mío. Necesito que esa energía que tengo salga de mí y dirigirla, darle un rumbo, que sea algo fuerte, algo bonito. Quiero abrazarlo, besarlo. Quiero hacer el amor y follar como loco a la vez, quiero entregarme nuevamente, quiero volver a sentir el sexo con amor. Quiero entregar y desnudar mi alma ante ese hombre que valdrá la pena, quiero una historia a su lado, crearla, por el tiempo que tenga que ser, lo que tenga que ser. Pero es algo que en verdad quiero, quiero sentirme vivo, durante un tiempo pensé que no podría amar de nuevo, enamorarme de nuevo y lo hice, amé y me enamoré después del gran dolor por el que pasé y eso me hizo saber que estoy libre de fantasmas, que he aprendido las lecciones de la vida, que he madurado, que entiendo otras caras del amor y no por eso preferir una relación poliamorosa, pero entiendo la energía que se vive, y hay personas que te llenan tanto que no necesitas de otras.
Sé también que nuevamente estoy dispuesto a aventarme al vacío en un salto de fe, sin saber si algo o alguien me sostendrá pero el sentirme vivo por primera vez en años vale la pena, que por fin podré rehacer mi vida; con errores, sí, pero menos que antes, que no andaré huyendo de mi pasado y que buscaré la forma de ser y hacer feliz a esas personas que me rodeen y a ese hombre que escoja la vida para mí y que después de tantas lágrimas, de tantas ilusiones rotas, de tantas noches sin poder dormir por la ansiedad de sentir que me ponían el cuerno –y que era cierto-, de sentir que no era lo suficiente para ese chico, de sentirme lo más bajo al grado de perder mi dignidad y permitir abusos pensando que me quería, ahora el que me quiere y me ama soy yo, por fin he logrado valorarme y a saber lo que quiero y no en un hombre, por fin, después de años, estoy listo para volver a amar.

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