18 octubre, 2014

«Sus pupilas clavadas en las mías. En la distancia, en la cercanía. En la noche, en el día. A todas horas. Podría observarme dentro toda la vida y nunca cansarme, podría ver esos ojos negros custodiados por esas cejas todos y cada uno de mis días y jamás preocuparme de lo que pasase a nuestro rededor. Mi vida estaba ahí, en sus pupilas. En su respirar. En su vida.

Su rostro, blanco, fino, suave. Lo acaricio y mi mano se funde en su piel, la absorbe. Su mano tocando mi espalda, mi pierna, y mi otra mano hace lo mismo con sus respectivas.

No dejamos de vernos, de estar cada quien en las pupilas del otro, de ser un espejo. Un espejo que refleja nuestro mayor anhelo y nuestro mayor miedo. El todo y el nada. Estar en un tiempo en el que parece imposible amarse, sentir, vivir.

Un tiempo en que somos invisibles ante todos pero a la vez tan blanco de insultos y mala propaganda, en el que las cosas son oscuras y en el que todos esperamos que salga pronto el sol, en el que la vida va deprisa y no le prestamos atención a esta cosa bella que la vida nos otorga: amar. Amar a otro ser humano, sea de nuestro mismo sexo o no. El amar y ser amado.

Por eso podría pasar toda mi vida en esta habitación, con los rayos del sol tratando de entrar entre cortinas, con la música en mi mente pero la sinfonía de nuestro respirar, la ópera de nuestros labios al besarse. Me besa y me raspa con su barba, y miro de nuevo hacia sus pupilas café. Y ahí, nuestros, nos perdemos en nosotros.»

Texto escrito por mí, basado en el título del track.

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