Coatepec, Ver.; 28 mayo, 2019
Amor de mi vida:
Hace ya más de un año que escribí una carta para ti por primera vez. Hace ya más de un año que no escribo para nadie. No sé cómo empezar de nuevo. Son tantas cosas las que te quiero decir, las que te necesito decir. Amor de mi vida, ha pasado ya más de un año, y no sé si eso sea malo o bueno.
Es malo porque he pasado más de un año solo, como siempre, pero es bueno porque falta muchísimo menos para que nos conozcamos, aunque bueno, he leído en ocasiones que al amor de la vida no se le conoce, se le reconoce, entonces falta muchísimo menos para que nos reconozcamos. ¿Cómo será? Me pongo a pensar a veces. ¿Cómo reaccionaré? ¿Cómo me pondré? Estoy seguro que seré un manojo de nervios y un jitomate andando por lo rojo que me pondré al saberte cerca.
Mi niño, si doy tantos rodeos es porque no sé cómo decirte lo siguiente, pero no quiero que haya secretos entre nosotros. Mi amor, quiero pedirte perdón: he vuelto a serte infiel. Sé que no es excusa, pero la ilusión de pensar que por fin te había encontrado llegó a mí de nuevo, y llegó de nuevo tres veces. Tengo que confesarte también que durante un tiempo me cansé de buscarte y empecé a salir con chicos, chicos con quienes me emocioné pero que, en sí, sabía que no eran tú, porque jamás sentí las ganas de querer entregarme realmente como lo quiero hacer contigo, fueron cuatro, me parece, cuatro chicos con quienes salí, me sentí bien, me divertí, con algunos me enojé pero logré superarlos porque sabía que no eran lo que buscaba, pero hubo otros tres como te comenté en un principio. Tres, mi amor. Uno no hablaba mi lengua, era un chico de Nueva York que conocí en el hotel donde trabajaba y me aburría tanto que decidí escribirte la primera carta, con él conocí muchas cosas nuevas, conocí que, a pesar de sentirme a veces feo, alguien más me puede encontrar demasiado atractivo, pensé que eras tú porque me hizo sentir como ningún otro me había hecho sentir jamás. Me hizo sentir hombre, me hizo sentir animal, me hizo sentir deseado, me hizo sentir el sexo nuevamente, me hizo sentir las estrellas, me hizo sentir que realmente importo, que realmente valgo la pena. Que realmente existo. Fue la semana más hermosa que he vivido jamás, mi amor, perdón si estas palabras te hieren pero pensé que eras tú. Y sé que ninguna experiencia con él, será como las que tú y yo llegaremos a vivir.
El segundo, mi amor. Un chico muy hermoso, tan lindo, tan tierno, tan bello. A él sólo lo conocí por cámara porque la vida no nos quiso juntar, pero esperaba el momento de hacerlo porque mi amor, me demostraba amor en cada momento, su apoyo, su alegría, su forma de hablarme, pensaba que eras tú y que tenía que luchar un poco más para estar contigo, porque pensé que por fin tendría la calma que necesito, pero no era tú, porque le pudo más la distancia que el sentimiento y mi niño, yo sé que a ti no te importaría la distancia. Sé que también estás deseoso de encontrarme.
Y el tercero… Ay, mi amor. Es que ahora sí me la creí, ahora sí la sentí tan real, tan honesta, tan tangible la posibilidad que fueses tú, mi amor. No sé cómo decirte todo lo que sentí por él, y bueno, que aún siento, me duele todo. Me duele la ilusión, me duele el tiempo perdido, me duele el no darme cuenta que no eres tú porque mi amor, tú jamás me harías llorar así como yo a ti tampoco y, mi cielo, yo lo menos que habría querido era hacerlo llorar, y no es que me haya hecho llorar a propósito, sino que el pobre me contaba su vida y me dolía no ser ése que él quería para sí, porque mi amor, uno merece ser querido, merece ser anhelado, merece ser deseado y más si se lo estás demostrando, si le dices que te estás enamorando, y te digo, no fue su culpa pues siempre estuve ahí para él, siendo el amigo que le apoya con el chico que le gusta, que le da alas para que se anime a estar con él y ser feliz con el único fin de saberle feliz porque el amor así es, mi amor, incondicional, y después me dijo que quería estar conmigo, que le hago bien, que me quiere, que me desea, que quiere que le diga que seamos novios, que se quiere mudar conmigo, que incluso quiere una familia conmigo. Mi amor, ¿puedes creerlo? Dime si no parece que seas tú. Pensé que lo eras, pero, mi amor, tú jamás me ignorarías, jamás me harías llorar, jamás me contarías de tus experiencias pasadas y me dirías que los extrañas, porque tú al único que extrañas es a mí sin conocerme, así como yo a quien realmente extraño y amo es a ti, mi cielo. ¿O no es así? ¿Pensaremos algún día en cómo habría sido nuestra vida con otros? Quizá lo hagamos, pero sólo para darnos cuenta de cuán mejor estamos juntos, mi amor.
Amor de mi vida, llega ya. Me haces tanta falta. Me has hecho tanto en falta. He pasado meses sin poder dormir, deseando un abrazo tuyo, un abrazo es lo único que necesito, un abrazo que me diga que todo va a estar bien, que vamos a lograr hacer realidad nuestros sueños juntos porque somos un equipo y que no tengo que preocuparme por pendejadas.
Amor de mi vida, te amo. Te amo sin saber tu nombre, sin saber cómo eres ni qué edad tienes. Te amo sin saber de ti. Pero te amo porque sé que llegarás a mí, sé que llegaré a ti. Por ratos he perdido la fe en el amor, pero el sólo hecho de saber lo pasado, de saber que la posibilidad -por muy mínima que sea- de estar juntos existe, me da toda la esperanza nuevamente. Amor de mi vida, me han roto el corazón muchas veces y he llorado otras tantas por lo mismo, pero aún así sé que todo eso valdrá la pena cuando estemos juntos porque seré el hombre fuerte que mereces.
Amor de mi vida, te enamorarás de mí por mi mente, por mis ojos, por mis labios, por mis manos, por mi perseverancia, por mi irreverencia, por mis ideales, por mi corazón, por mi alma. Así como yo me enamoraré de ti por todo eso también, porque el físico desaparece, pero todo lo mencionado, prevalece.
Amor de mi vida, cómo me encantaría que esta carta pudiese llegar a ti, que pudiese ser leída por ti, sentida por ti. Cómo me encantaría leértela mientras te abrazo y bebemos una copa de nuestro vino favorito en nuestra chimenea en la casa que tendremos en el bosque, donde criaremos a nuestros hijos –sólo que esta vez no están-. Me encantará leértela mientras te beso, mientras te toco, mientras dejamos que los efectos del vino en nuestra sangre cobren vida y nos hagamos el amor de una manera que ni el mismo Dioniso vivió. Mi amor, gritaremos de placer y toda la energía del mundo se expandirá por nuestro radiar, haremos el amor de tal forma que podamos morir y renacer una y otra vez, conoceremos el Paraíso en la tierra, conoceremos lo que es hacer el amor como Dios manda. Como la vida manda. Como nuestros corazones mandan. Amor de mi vida, quiero que sepas que, a pesar de haber vivido mucho sexualmente, mi cuerpo, alma y corazón, serán ahora de ti y sólo de ti, de nadie más, mi amor, porque soy tuyo, porque quiero serlo, porque me comprometo a estar contigo y no me lo pides, no me obligas, simplemente te doy aquello que más amo aparte de ti: mi libertad.
Amor de mi vida, no sé cuánto nos falte. No lo sé, pero quiero que nunca olvides lo mucho que te amo, lo mucho que anhelo encontrarte, lo mucho que te he amado y que te amaré como pensé que amaría a alguien más pero no, mi amor tan grande y que nadie ha querido aceptar es precisamente porque es para ti.
Amor de mi vida, ponte feliz, pues es una noche menos para que duermas entre mis brazos.
Te amo por el resto de mis días.
Enrique.


Deja un comentario