He escrito esto el cinco de julio de 2018. No recuerdo si lo terminé, no podría terminarlo ahora que las palabras han estado en unas largas vacaciones y no veo la hora de su regreso.
Pero de mientras, y aunque me vuelva a confundir mil veces tratando de hallarte, de reconocerte, te amo.
Ciudad de México, 05 de julio, 2018
Jadeo. Inmerso en tu respiración. Te siento muy dentro. Te toco. Siento tu cuerpo, caliente, sudado. Erecto. Te siento aún más dentro y despierto.
Quiero tenerte, conocerte, saber cómo es tu rostro. Estoy harto ya de ponerte tantas caras diferentes, confundirte. Perdóname, amor mío. Es la desesperación la que me ciega e impide ver que no eres aquél al que le quiero dedicar mi vida. ¿Dónde estas? ¿Dónde?
Otra vez me equivoqué. Pensé que eras tú. Con tantos gustos similares y el mismo deseo por la vida en común. Mi amor, pensé que eras tú y me dejé llevar.
Te extraño tanto, ya nos conocimos en otras vidas y el no tenerte en esta me mata. Me mata tanto que estoy muerto en vida. Mi amor, ¿quién eres? Eres mi inspiración e impulso.
El día pasa frente a mí y con él el tiempo, si bien es un día menos para encontrarnos igual lo es un día menos que nos queda juntos. ¿Me estás buscando también? ¿Lloras en las noches por conocerme? ¿Caminas imaginando que tienes una conversación conmigo y te acuestas pensando que estoy a tu lado? ¿Respetas mi lado de la cama como yo el tuyo?
Escribo sin propósito alguno, escribo sin querer algo más que el estar contigo, esperando leas esto y descubras que eres amado sin haberte conocido. Es esta mi carta a los Reyes Magos digitales para que te traigan a mí.
Dejaré las anécdotas a un lado y empezaré con los pensamientos. Tengo que cumplirle a mis lectores con la segunda parte del relato y dará para una tercera. Dame chance de ello, inspírame, amor mío. No permitas que me vuelva a equivocar.
En estos casi cinco años he vuelto una y otra vez a encontrar el amor, de una y mil maneras, y de una y mil experiencias. Gracias, D., por haber llegado a mi vida; lamento haber llegado a la tuya tan roto. Gracias A., por haberme enseñado esta nueva forma de amar, y por saber que es así lo que quiero y merezco tener y vivir.
Gracias a ti, que has leído esto, perdóname por no escribir, por no tener palabras en este momento. Ya que, actualmente, no necesito sanarme.

Deja un comentario