ADVERTENCIA: Esta entrada es sólo para mayores de edad, producto de una encuesta hecha en Twitter de la cual los hechos que aquí se relatan son meramente ficticios. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
7 mayo, 2018
I
Eran las cuatro de la tarde, casi cinco, y yo bien empalmado en el trabajo. Cada segundo transcurrido era un incremento en mis ganas de follar. Estaba en ese momento en el que se suda frío cuando tienes tantas ganas y no se puede hacer algo mas que aguantar el dolor de huevos que te da y el contenerte de ir al baño a masturbarte. Sólo pensaba en la corrida que iba a dar al rato en la noche cuando después del trabajo llegase a casa, abriese Twitter y viera un poco de porno twink.
Abrí Grindr para ver si algo sucedía, nada, nada, nada. Todos feos o mamones, esos que no sé por qué se crean un perfil si jamás cogen, lo sé porque también soy uno de esos. Nada. Diez minutos después aparece en mi pantalla una notificación de mensaje, lo abro. Mi salvación para no cogerme a mí mismo en la noche. Era un señor como de cuarenta años, inglés y con seis años viviendo en México. BORIIIIING!!!! Le hice plática para no verme grosero, terminamos hablando en inglés porque yo no hablar mucho español. Sabes inglés? No entiendo a esos que llevan años viviendo en un país y no logran aprender la lengua. En fin.
-«Wanna come to a party later?»
-«Party? What kind of party? A tea party?»
-«A party my boyfriend and I are offering to some pretty guys like you in our rooftop. We’ve got a jacuzzi. You definitely should come!»
-«Thank you so much but I’m at the job and my shift finishes at 9.»
– «Oh, don’t worry! We’ll wait for you. It’s gonna start at 7 but don’t worry, we’re inviting more guys.»
– «Perfect. Honestely I wanna fuck. I’m horny as hell right now. Could I?»
– «Yeah, why not? That’s the purpose. ;)»
Se me hacía raro estar platicando con un maduro por primera vez y estar excitado al respecto. ¿Irían puros maduros? ¿Jóvenes? ¿Estarían todos desnudos al llegar yo y cogiendo todos con todos? Todo eso me provocaba mucha ansiedad y dolor en el estómago provocado por las ganas de eyacular en ese momento. Me retuerzo y aprieto todo, todo mi interior está pensando en eso. En mí con quién sabe cuántos, disfrutando, dándome a desear, tocar y ser tocado. No aguanto más y así como por arte de magia eyaculo sin tocarme, no podía hacerlo estando donde estaba. Siento mi esperma espeso y caliente sobre mi miembro a tres cuartos de erecticidad. Descansé pero seguí pensando en lo de la noche. Me esperarían, según me había dicho el vejete.
-“We’re waiting for you, the main star, gimme your phone number to text you and sending you the location.”
Le dí mi número y envió la ubicación. En Hamburgo a escasos metros de 222. Llegaría como a las nueve y cuarenta. Dieron las siete y yo sólo pude pensar en que ya estarían empezando a llegar, beberían algo quizá, botanearían, pondrían música mientras se sentaban en la sala a esperar a que llegasen más. Mientras esperaban, si se gustaban, unos estarían besándose, otros viendo y excitándose. Y así hasta dar las ocho, ya con más invitados, subirían a la azotea, prenderían el jacuzzi, pondrían música. Posteriormente procederían a irse quitando la ropa, aún con un poco de pudor -algunos- otros normal.
Mi cabeza pensando en eso, deseando que diesen las nueve para salir, y mi otra cabeza, la sentí gorda y roja a más no poder. Vaya, de sólo imaginarme el festín que estaba ocurriendo a cuatro kilómetros de donde yo estaba me regresó el dolor de huevos. No tuve más remedio que ir al baño. Me bajé la bragueta y le di libertad, y tal cual: gorda, venuda y cabezona, los huevos hinchados, llenos de semen.
Quise no masturbarme, quería llegar y llenar de mi néctar a algunos de los invitados pero fue imposible, me envió fotos de algunos de los invitados, jóvenes todos, entre dieciocho y veinticuatro. Me sentí viejo. Empecé a masturbarme suave pero no aguanté, apreté mi inhiesta verga y sacudí de arriba hacia abajo. No aguanté más y un chorro tras otro salió de mí. Caliente y espeso. Cinco. Sentí una liberación enorme pero también una profunda decepción por no tener tanto para al rato, aunque eso sí, aguantaría más tiempo. Como me corrí en mi mano y aún estaba caliente, no desaproveché la oportunidad para que eso regresase a mí y lo llevé a mi boca.
II
Casi al salir del trabajo le envié un mensaje preguntándole qué hacía falta para la fiesta, me dijo que sólo una caja de cervezas. Listo. Fácil. Pasaría por ella a algún Oxxo o 7Eleven, era un precio que estaba más que dispuesto a pagar por estar con tantos chicos guapos. ¿Quién más invitaba a una fiesta en el jacuzzi de su azotea sólo porque sí? Llegué a la dirección señalada y pregunté al portero por el departamento de ellos, tal como me dijo que lo hiciera. Por un momento sentí vergüenza al ver al portero de frente, ¿sabría a lo que iba? ¿Lo harían seguido? ¿Qué pensaría que sólo entrasen hombres guapos y jóvenes a ese departamento? La verdad me dio un poco de pena, quizá el pudoroso-mí que aún no salía del todo de su pequeña ciudad pero se me pasó al minuto cuando estuve ya en el sexto piso, tocando la puerta, con la caja de cervezas en una mano y el bulto en la otra con el fin de irlo despertando.
–“Hi, Sweetie! You’re finally here. We were waiting for you.” – me dice al abrir la puerta. La verdad me dio un poco de vergüenza conmigo mismo de estar ahí, frente a ese señor. Güero sin gracia. Vestía una bata blanca y se le veía su miembro medio erecto, pequeño y circuncidado; recé porque no fuera pase de entrada que se la mamaran. Le di la mano y lo saludé contento.
–“Hi, Andrew! Thanks again for the invitation, where should I put these beers?” – pregunté rápido para no tener que hacer más plática.
–“Take’em upstairs with you. Here are the swimsuits, wear the one that makes you feel more comfortable.” – me guiña. “I’ll be upstais with you in a moment, sweetie”. Era completamente desagradable tener que soportarlo. Su humor simple que creyó que con decirme eso me iba a empezar a reír. Me desvestí poco a poco mientras escogía un traje de baño que me quedase, todos eran muy pequeños y por lo visto ya todos estaban desnudos porque en la sala estaba el montón de pantalones, camisas, zapatos, cinturones..
Me desvestí y puse mi ropa en el montón, seleccioné uno corto negro con rojo que me ajusto bien, subí con las cervezas a la terraza y ¡oh, sorpresa! Siete chicos nada feos, todos en el jacuzzi, pequeño -como de tres por tres por uno- con luces azules y plantas uniforme al fondo, no podía negar el buen gusto del British. Los observé, uno de ellos actor de poco presupuesto pero que ha salido en ciertos programas unitarios besándose con un tuitero al que reconocí inmediatamente y él a mí. Tres más -uno de ellos me encantó desde que lo vi- a los besos entre ellos. El novio de Andrew con su móvil scrolleando en Grindr. Uno tímido en un rincón sólo viendo todo con los ojos muy abiertos y atrás de mí llega Andrew. Ocho, yo era el nueve. Mi número de la suerte. Dejo la caja de cervezas en uno de los escalones y subo para entrar, uno de ellos, el tuitero, me tiende la mano para entrar. “Bienvenido”, me dice. Entro en el jacuzzi.


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