3 junio, 2014

Después de casi un mes sin escribir, me atreví a hacerlo con un nuevo capítulo de los relatos que he venido escribiendo y que me pidieron una continuación, tardé un poco para escribir debido a la poca inspiración que he tenido por motivos escolares pero aquí está, así mismo, como ¿final?, comparto una reflexión del tema que se leerá.

Como lo he mencionado antes, abstente de leer esto si eres de mente cerrada, homófobo, espantado o hipócrita mustión, así mismo, si eres menor de edad.

Los nombres mencionados en el relato son ficticios; la situación, la dejo a tu criterio.


Apesta a perro, de esas casas típicas de clase media –baja- en las que la mascota lleva días sin ser bañada y el patio incluso más días sin ser debidamente limpiado.

-Pasa, siéntate –me dice y accedo cortésmente, pensando si el perro había estado acostado donde estoy por sentarme-. Ahorita regreso, me voy a bañar.

No está tan feo pero no es la gran belleza, sin duda he visto mejores pero su sonrisa es amable y sincera.

La sala, de pareja joven, muebles disparejos y al parecer de cuarta mano, me recordó a esas casas antiguas a las que uno iba de niño con su mamá cuando visitaban a una amiga y eran muebles de terciopelo rojo, solo que estos eran café y beige; una mesa de imitación de mármol que inspira a estar en una sala Illuminati por triangular y las paredes, con madera pegada. Como lo dije, pareja joven.

-Disculpa que te haya mandado otra dirección, lo bueno que ya llegaste, soy Miguel –sin duda este sí es guapo, alto, con barba, ojos marrón pero con un brillo especial, delgado y muy flexible, me doy cuenta cuando se sube al sofá de enfrente y se sienta sobre sus propias piernas-.

-Rodrigo, mucho gusto –le respondo, debo admitir que un poco nervioso, sí me gusta.

-Óscar está por salir de la ducha. ¿Gustas algo de tomar? – digo que sí, tengo mucha sed.  Me trae un vaso con agua y bebo un poco.

-¿Y qué los animó a hacer esto? –pregunto interesado en saber por qué alguien haría algo como lo que estamos por hacer.

-Llevamos cinco años juntos, entonces… – no termina de decirme.

-…quieren probar algo diferente y salir de la monotonía – le ayudo a responder y no lo dice con la voz pero asiente con la cabeza-.

-¿Qué edad tienes? ¿A qué te dedicas? ¿Ya habías hecho algo así? –me suelta de golpe.

Tantas preguntas hacen que me sienta en una entrevista de trabajo, de esas en las que te pasan directamente con el jefe del área de recursos humanos y él inspecciona todo lo que haces y ve si eres, o no, apto para el puesto.

-Tengo veintiún años, estudio la universidad y solo una vez, hace un año, pero no me gustó mucho la experiencia. Espero sea diferente ahora, ¿y tú?

-Tengo veintisiete, Óscar veintitrés, nos conocimos ya hace seis años y llevamos cinco viviendo juntos. Soy diseñador gráfico –de pronto se por qué viven así- y él es estilista –para eso me gustaban- entonces la vamos llevando.

-Pues supongo que está padre vivir en pareja y así, ¿no? Se ve que viven bien –por un momento siento que mi lengua estaba partida en dos cual víbora- y contentos.

-Ya estoy listo –suelta de pronto Óscar y yo me sobresalto. Me gusta admirar a Miguel, por sus facciones puedo asegurar que era niño de casa, se ve fino, y tiene unas manos grandes, y no cualquiera puede costear una carrera de diseño; Óscar, en cambio, es de esos chavos que tuvo que salir de casa y abrirse camino por cuenta propia, cosa que es de admirarse, pues no cualquiera lo hace.

Se besan tiernamente y, por un momento, siento que me picotean con un pica hielo salvajemente en la espalda y en el pecho y viceversa, nadie me ha besado con el amor que se ve que ellos se tienen, o quizá si me besaron pero no puse de mi parte. No entiendo cómo alguien como ellos, con lo que tienen pueden hacer algo como lo que estamos por hacer.

-¿Estás listo, Roberto? –me pregunta Miguel.

-Rodrigo. Pues va –bebo más agua-.

Me toma de la mano y me lleva a su recámara, ¡A SU RECAMÁRA! ¡DE AMBOS! Sinceramente, no me imagino teniendo sexo con un desconocido en mi propia cama y mucho menos con mi novio, ¿compartir a mi pareja? ¡Ni loco!

Quedamos los tres de pie, con la cama frente a nosotros y se empiezan a quitar los zapatos y hago lo mismo. Se miran y dirigen su mirada hacia la mía, no sabía a cuál de los dos ver, si veía a Miguel se iba a dar cuenta el otro y todo saldría mal, por lo que vi un poco más a Óscar, pues ya con ganas no era tan feo. Se vuelven a ver y me empiezan  a besar, Miguel la boca y Óscar el cuello, me pegan contra la pared. ¡Madre mía! No pensé que ya tan rápido, en la anterior no fue así pero bueno, no todas son iguales, y la otra no estaba lidiando con la moral porque ninguno de los tres éramos pareja de alguno de los partícipes, aquí sí. Dos novios, que han compartido seis años de su vida, besándome y tocándome. Ni modo, dejaré la moral para otra ocasión.

Dejo que me quiten la ropa, primero la playera negra que me gusta tanto y me besan el torso, no sé cuál de los dos hace más maravillas con su lengua en mis pezones. Ya estoy erecto y lo notan. Uno desabrocha mi cinturón y luego el pantalón, solo mete la mano y empieza a tocar mi erección. Estoy con los ojos cerrados así que no veo quién me está besando la boca y quien lambe mi cuerpo. Los abro y es Óscar, no sé por qué, pero de no estar a punto de fornicar ahorita, sospecho que Óscar podría ser un buen amigo, de esos que sabes que son sinceros. No puedo hacer algo con las manos pues cada brazo está sujeto por uno de ellos, es tan excitante. Miguel me baja el pantalón y quedo expuesto, mi erección a todo lo que da, tan dura como brazo de cargador de la Central de Abastos y, de pronto, me pierdo en el horizonte, entre ambos me están haciendo el oral de mi vida, me duele y mucho, no me muerden, pero duele de placer y siento que estoy por venirme pero me aguanto, solo gimo de dolor, de placer, de excitación. Se detienen. ¿POR QUÉ?

Me avientan a la cama -¿por qué siempre me tienen que aventar?-. Óscar se pone encima de mí y empieza a moverse como si estuviésemos copulando, rozando todo. Es delicioso. Debo admitir que ambos tienen miembros muy deliciosos. ¡Un novio así, para llevar, por favor! Miguel pone su miembro en mi boca mientras Óscar sigue moviéndose, ya vi hacia dónde van. Seré el sándwich. Tengo a Óscar de un lado y a Miguel del otro y, después del oral que me acaban de dar, no puedo quedarme atrás y le doy uno mejor. Cierra sus ojos como si estuviera por venirse y me detengo un poco. No soy de los que se tragan el orgullo masculino. Ve que me detengo, me dice que descuide, que todavía no. Sigo. Es deliciosa.

Nos acomodamos de tal forma en la que cada quien le pueda hacer un oral al otro y quedamos chuecos pero disfrutando, a este paso ya no sé ni quién me lo hace ni a quién se lo hago pero es delicioso. El momento idóneo para escuchar cantos angelicales. Es tan sacro. No entiendo cuál es el punto de satanizar el sexo, de volverlo tabú y pensar que está mal tener tanto placer. Aunque para ser verdad, tanto placer debería estar penado por la ley. Siento que me corro y aviso por educación. No noto preocupación y lo hago.

Es una descarga literalmente magnética pues al succionar lo que acabo de expulsar en la boca de no sé quién, me atrae hacia su garganta e incluso hace que descargue más, no puedo más, me duele mucho, y creo que después de unos meses, volveré a tener un orgasmo del tamaño del cielo que ya estoy viendo, tocando. Toco una nube y no puedo más, me dejo caer soltando un grito del más inmenso dolor y placer y caigo rendido, al parecer fue tan excitante que alguien se vino en mi cara y no supe ni quién. Me limpian. Con trabajo, abro los ojos y los veo frente a mí, besándose. Me siento en la cama y me uno a ese beso, los tres al mismo tiempo. Me siento uno más de los dos. ERROR.

Óscar me mira de una manera muy rara pero hermosa y tierna, al igual que Miguel, su mirada tan sexy; envidio a Óscar, totalmente, pero hace que lo admire más, quizá la vida le dio a Miguel como recompensa. Y lo beso. No me quedaré con ganas de tener a Miguel como si fuera mío y me olvido de Óscar, me voy recostando mientras voy atrayendo a Miguel conmigo, besándonos, él se está dejando, ¿qué mejor? Saboreo sus labios. Nuestras lenguas ya son las mejores amigas. Muerde mis labios y me duele, pero me encanta. Solo somos él y yo. Me encanta. Estoy erecto de nuevo pero también me siento dilatado. Y bueno, ya estoy abajo. Miro a Óscar por inercia, como pidiéndole aprobación, no quita su mirada de mí con desconcierto pero asiente. Miguel se pone un condón y cierro los ojos. Me duele de lo grande que está pero ya acostumbrado es delicioso, se mueve despacio y me encanta, me tiene abrazado y yo a él, embiste despacio y yo disfruto. Le pido más rápido y lo hace, gimo de placer, jamás lo había hecho así. Disfrutado así. Es mío. Enfrente del suyo. Hace que me excite más y le pida más. Me complace. Óscar me besa. ¿Está loco? ¿Cómo se atreve a arruinar MI momento? Pero le respondo el beso mientras veo a Miguel, cómo nos ve y se sale de mi. ¡NOOOO! ¿Se habrá enojado? Óscar me pone un condón y se monta. Ya estoy dentro. Debo admitir que me gusta cómo se mueve y respondo con el mismo ritmo, yo estando abajo. Entro y salgo mientras el salta sobre mi erección. Es delicioso. Lo toco. Su torso, marcado pero no tanto. Ha de tener como tres meses ejercitándose. Se lleva mis dedos a su boca, los chupa y los muerde. Pienso acomodarme de tal forma que quedemos sentados y poder besarnos y besarle el cuello cuando de pronto siento que mis piernas se abren y es Miguel quien me está abriendo y me empieza a dilatar con su lengua, no puedo con tanto placer. Óscar me ve y se ríe, sigue con mis dedos en su boca y Miguel ya tiene dos dentro de mí, lo estoy disfrutando al máximo, sin duda alguna, los ángeles ya están cantando. Otro dedo más. Me duele, jamás había tres dedos. Y los saca, solo para dar paso a su delicioso erecto y circuncidado miembro y empieza a meterlo, cuando me doy cuenta ya está dentro así como el mío en Óscar.

Se besan de una manera en la que no sé si es de complicidad, erotismo para mí, salvajismo o no sé pero se ve muy rico. Penetro a Óscar cada que Miguel la saca y la saco cada que me penetra. Siguen besándose y aprovecho para masturbar a Óscar. Admiro su miembro sin esperar a que descargara en mi cara lo que traía cargando y me sorprendo pero hace que también me venga, dentro de él, y cual Efecto Dominó, Miguel se viene pero sobre mi torso y la espalda de Óscar y se acuesta a mi lado. Óscar se levanta y se acuesta al lado de Miguel. Ambos me miran. Estoy exhausto.

Qué rico estuvo todo. Óscar y Miguel están mirándose el uno al otro, de una manera, debo admitirlo, mágica. Sus miradas están conectadas; sus almas, mejor dicho. Y se besan, Miguel se sienta sobre Óscar para ser penetrado, me quedo viéndolos y es cuando me doy cuenta que mi entrevista de trabajo ya acabó, solo falta el veredicto del jefe de recursos humanos. Veo como lo hacen y no puedo evitar el sentir una ola de celos, envidia, pero a la vez nostalgia y deseo, lo que tuve hace meses lo estoy viendo en ellos dos. Recuerdo cada fin de semana mágico, como los llamaba, en los que íbamos al cine, le llevaba el desayuno a la cama, nos bañábamos juntos, salíamos a pasear y éramos felices. Felicidad que, quizá por cobardía, nunca lo entenderé, dejó de existir. Si me pidió que lo dejase, que me fuese y que no le hablase jamás ha de haber sido por miedo a causarme un dolor mayor, y quizá cobardía de mi parte por no saber luchar por él y apoyarlo en los momentos que más me necesitaba o necesita, ya no sé de él. Desaparecimos el uno para el otro. Pero es mejor no pensar en eso. Ya lo viví y ahora lo veo en estos dos, lo que me hace no perder la esperanza de volver a encontrar algo igual o mejor que lo que tuve. Ya pasaron tres meses desde la última vez que platicamos.

Terminan. Y me miran.

-¿Y si nos duchamos? –dice Óscar.

-Me encantaría pero tengo un compromiso a las ocho –digo rápidamente-, ¿podría ducharme rápido?

-Claro, deja te busco una toalla –me dice Miguel.

-Gracias. Qué amable.

Entro al baño y al abrir la regadera aprovecho para que mis ojos también descarguen el dolor que traen desde hace tiempo, a fin de cuentas, me pudo haber caído champú en los ojos.

Al salir, me visto rápido y cuando estaba por peinarme, Óscar toma un poco de abrillantador para el cabello y me peina, lo que tomo como un buen gesto. Miguel le pregunta si van a ir al cine y le responde que sí.

-Listo, ya estás. Qué amable fuiste al venir, Rodri. –me dice Óscar muy feliz. Quién sabe, quizá era lo que necesitaban en su relación, quizá la salvé en parte, no sé. Pero me quedaré con una idea positiva.

-Al contrario, me gustó mucho. Son muy agradables, cuídense y sigan juntos –les digo sinceramente.

-Gracias, Rodrigo –me dice Miguel. Yo y mi parano-idea de cambiarme el nombre a cada rato.

*

Cuando salgo de su casa, decido irme caminando hasta la mía, está algo lejos pero me da tiempo para reflexionar.

¿Son los tríos el método de salvación de las relaciones actuales? ¿Estamos hechos para estar solamente con una pareja sexual? ¿Qué tanto llega a aburrir una persona o una relación? ¿Compartiría a mi pareja con un extraño para no aburrirme?

 A partir del Cristianismo, el ser humano ha adoptado la idea de la monogamia como el pilar de la sociedad para ser ésta fundada bajo los principios de la familia pero el ser humano es salvaje y animal por naturaleza, queremos satisfacer nuestras necesidades fisiológicas, entre ellas, el sexo.

Experimentar nuevas fronteras, ponernos nuevos límites, ir cada vez más allá. Somos seres sexuales, somos hedonistas, somos humanos, somos terrenales. Movidos por la carne, el sudor, la estética. El ver en los medios de comunicación (televisión, revistas, internet) tanto cuerpo –comercialmente- “perfecto” hace que queramos estar ahí, con ellos, desear más y más y entonces fantaseamos con ellos. Y se vuelve nuestra fantasía, estar con más de uno a la vez, estar disfrutando del sexo, salvaje, romántico, tántrico, como sea, pero sexo.

En cuanto a las relaciones, como lo he dicho anteriormente, no somos propiedad de alguien y no tenemos a alguien como nuestra propiedad, ¿está mal compartir a alguien que no es de nosotros? Si él o ella quiere estar con alguien más, ¿debemos enojarnos? Creo que no, pero en este caso se involucra el plano sentimental y es cuando nos preguntamos si no satisfacemos plenamente las necesidades de nuestra pareja y lo peor es que, en muchos casos, no se tiene la confianza suficiente como para preguntarle a la pareja qué es lo que le gustaría probar o muchas veces la monotonía y la rutina hacen que igual se aburran ambas partes, el dejar de enamorarse como antes y el vivir siempre igual, el dejar de probar nuevas salidas e ir siempre a lo mismo, o la diferencia de gustos que hacen que no se tengan en común para conversar y de repente, conocemos a otra(s) persona(s) y nos llena(n) más que nuestra pareja, pues muchas veces buscamos a alguien con nuestro IQ para estar pleno y poder explotarnos, aunque, como anteriormente lo publiqué, también hay personas que buscan a alguien más simple para ellos lucirse y ser los que “valen” más en la relación. Pero opto por lo primero, el buscar a alguien que nos llene sexual e intelectualmente hace que nos preguntemos si estamos bien con quien estamos actualmente, si podrá mejorar la relación y es cuando en ocasiones nos toca ser los invitados, o los anfitriones de la cama nupcial. Weird, no?

No sé, ya lo viví, ya experimenté y no puedo asegurar que no volveré a hacerlo, es excitante y sería hipócrita al decir que no me gustó o que no aumentaría el número de participantes, me gustó, no lo niego, pero pienso que está sobrevalorado. No hay como estar con una persona que te haga sentir único, aunque sea por ese momento, así como Óscar y Miguel se conectaron, ¿fue real? ¿Fue ficción? Tú decides.

Mientras, seguiré caminando y disfrutando de este rico aire que corre fuerte y golpea contra mi cara, recordándome lo bello que es estar vivo y viviendo.

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