6 julio, 2015

Después de un mes sin publicar algo, hoy escribo algo corto, algo breve, con el que, ahora sí, cierro un trago amargo de mi vida. Por fin me siento bien, libre, alegre de nuevo. Prometo regresar con nuevos temas, nuevas historias por ahí. Pero para eso, debo seguir viviendo. Espero tus comments como siempre.


Es bien sabido que el tiempo lo cura todo. Tres meses atrás llegué a llorar por alguien a quien creí perder cuando, en realidad, nunca lo tuve.

En primera, porque uno no puede poseer a otra persona; en segunda, porque el jamás quiso ser parte de mi vida. Alguien que te quiere en su vida no te miente, no te esconde verdades, no inventa historias, te dedica tiempo y un sin fin de cosas más que no tiene la pena mencionar.

Este fin de semana fui a la Ciudad de México a despedirme, aunque al principio fui con la intención de decirle adiós frente a frente, no pude debido a que el tiempo contra el suyo lo impidió, por lo que fui a los lugares por donde caminamos y así, recordando buenos momentos, me despedí, con una sonrisa en la cara, de esas mentiras que sentí verdaderas. Poco a poco se fue saliendo de mi corazón, y así de mi mente. Me despedí de él, de los recuerdos y sonreí mientras escuchaba algo mi playlist que creo será algo que definirá el final del libro que estoy escribiendo (“Iridescent” de Linkin Park).

En fin, no quiero postergar mucho la escritura de algo que a fin de cuentas viene a resumirse en decir adiós. Decir adiós a una sarta de mentiras; a un estafador; a un artista del engaño, alguien que sólo utiliza su “belleza” exterior para jugar con los demás. Por fin pude decir adiós, no él a mí, yo a él. Yo soy el que decide cuándo decir adiós. No otros. Por fin lo saqué de mi vida, siendo este el último escrito que le dedico a ese joven que marcó un antes y un después de mi vida.

Ahora soy libre para arriesgarme y amar de nuevo, libre para que mi corazón sea roto de nuevo, una y otra vez, hasta hacerme fuerte, hasta que un día por fin llegue alguien y lo pegue y quede como nuevo, porque sé que ese alguien está ahí. Buscándome como yo lo estoy buscando. Y para eso, es correcto decir adiós al pasado.

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