18 mayo, 2015

Simple y sencillamente no sé otra forma de sacar lo que siento mas que escribiendo…


Es, sin duda, insoportable el dolor que siento. No lo aguanto más, esta ausencia me duele en lugares donde no sabía que tan siquiera existiesen. No aguanto más el vacío que siento en mis órganos. Las lágrimas que brotan cuando menos lo espero.

¿Por qué de esa manera tan abrupta me dejaste? ¿Por qué no me diste la oportunidad de exponer mis puntos? ¿Qué daño te hice sino el quererte de una manera que ningún otro lo hizo?

No aguanto más este dolor, eres el dolor de mi vida. Qué mal cometí al haberte buscado de nuevo, después de haberme decepcionado una vez, sin embargo, no me arrepiento porque eres un error que me hizo feliz, y eres un error porque así te puso la vida, porque te puso lejos de mí. Para mí no eres un error. ¿Quién sino tú sabe lo que es ser dejado a la deriva? Lo que se siente. ¡Dímelo! ¡Dímelo! No quiero ser como tú, quiero seguir siendo yo. No quiero congelarme, quiero amar. Quiero amarme, amar a la vida. A ti ya no, porque ya lo hago. Este dolor que siento es eso, las ganas de querer matarte con mis propias manos y después matarme porque sin ti no podría seguir, el odio que te tengo por todo el amor que tengo en mí para ti y no lo puedo sacar. Te odio, te odio, te odio como jamás he sentido esto por alguien más porque de la misma manera jamás había sufrido tanto por ningún otro.

Por ti he dejado de comer, de estudiar, de participar en clase, de sonreír como sonreía cuando aún eras parte mí, cuando aún estabas presente. Estoy muerto en vida. Mis compañeros, porque no son amigos, me preguntan qué me pasa. “Tú no eres así”, me dicen. “Siempre eres responsable, aplicado. No dejas las cosas para el final, ni trabajas tan feo, ¿qué tienes, Quique?” “Nada”, les respondo, hago un gesto como de chocado, hastiado de la escuela, pero en sí es que hago esas caras para que no me traicionen las lágrimas y salgan como siempre lo hacen.  En el trabajo me salen cada que veo huéspedes que, por la edad y situación, pudimos haber sido nosotros, y los veo tan juntos, tan felices, tan llenos de amor y vida que miles de brasas ardientes se introducen en lo que se le conoce como “corazón” y me lo queman, siento un ardor en la garganta y me derrumbo, me derrumbo estando de pie, y eso no es lo peor, lo peor es no tener a quien contarle cómo me siento, cómo me dueles, cómo te extraño, cómo te adoro aún a pesar de todo; cuánto te necesito, cuánta falta me haces.

No sé qué me duele más, si los recuerdos o los planes que no llevamos a cabo. La vida que planeamos. La vida que no tendré. Los recuerdos son pocos, pero todos y cada uno de ellos los recuerdo de una manera tan tangible, mi felicidad y mi tristeza, tenía tanto miedo de perderte, y al final eso atraje. Me odio tanto como te odio, quizás un poco más. Fui muy inseguro, y cómo no, si siempre me diste motivos para ello. ¿Por qué no fui lo suficientemente bueno para ti? ¿Alguna vez me quisiste? ¿Pensaste en un futuro conmigo a tu lado? ¿Qué madres pensabas? ¡¿Qué madres sentías?! Necesito saberlo. Necesito tantas cosas. Necesito tus brazos rodeándome por la noche, mientras caminamos; necesito tu chamarra verde, tu olor, tus lentes a punto de romperse; entender todo esto es lo que necesito.

¿Qué sientes ahora? ¿Qué piensas ahora? ¿Cómo vives? ¿Cómo sigues esta vida? Ya no aguanto más. Estoy muerto en vida. Estoy así , estático. Ya creo en nadie. Ya me veo con nadie. Ya no vivo por nadie, ni por mí. Muchas veces he deseado no amanecer, no sentir más esto, pero no, porque aún no quiero morir de verdad, aún tengo cosas que vivir, incluso más dolor por soportar.

¿Por qué la vida se empeña en que sintamos esto? Sobre todo los que menos lo merecemos; vemos en la calle a personas que no se lo merecen, a tipos que han sido unas escorias tan felices presumiendo que tienen un novio, y lo llevan de la mano, ¡Y A TI TE AVERGONZABA DARME LA MANO! Es lo que más me duele. Yo sólo quería ser tuyo, parte de ti, conocerte más, entrar en tu vida, no sólo en tu cuerpo.

Estoy seguro que un día te veré de nuevo y sin duda te abrazaré, y sin duda me rechazarás, no sé por qué si jamás te hice daño, al menos no intencionalmente. Te diré lo mucho que te adoro y tú reirás de mí, de mi amor te burlarás. Has seguido adelante, ¿cómo? ¿Por qué no he podido? ¿Por qué cada día crece este dolor? Dime cómo apagarlo. Cómo congelarme. Dímelo. Ya no sé cuántas desilusiones más podré soportar o si podré rehacer mi vida con alguien más.

¿Recuerdas que íbamos a vivir juntos? ¿A viajar en Año Viejo para estar juntos Año Nuevo? ¿Qué vendrías a vivir aquí el año que me queda por estudiar? ¡Me lo dijiste! ¿Qué ganabas con hacerme soñar? ¿Por qué fuiste y eres tan cruel? ¿Por qué me mirabas a los ojos al hacer el amor y al decirme todas las mentiras verdaderas? No se vale. No se vale no haberme dado la oportunidad de explicarte las cosas. De explicar mi necesidad de ti. De ti. A quien le confié lo más valioso, y lo sabías. ¿En qué momento cambiaste tanto? ¿En qué momento? ¿En qué parpadeo dejamos de existir?

Sé que un día nos vamos a reencontrar, que un día estaremos frente a frente, y si es verdad lo que decías, me besarás, te responderé y vamos a ser y estar mucho mejor de lo que una vez fuimos.

Te extraño. Te quiero y necesito. Regresa, ya no soporto este dolor. Regresa a nuestra vida.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.