19 noviembre, 2014
Les comparto la segunda parte del viaje, espero les guste. Espero sus comments.
Día Dos.
Salí a las 5:30 a la playa a caminar con un amigo, me despertó y nos fuimos juntos, ya estaba claro pero aún no amanecía. Él escribió en la arena un mensaje para su novia y yo me puse a jugar con mis pies en el agua. Empezamos a caminar, fácil unos dos kilómetros, y mientras caminábamos, personas españolas, japonesas, argentinas, también lo hacían y saludaban muy amables, lo que me hizo pensar que todos en este planeta, por muy separados que estemos o practiquemos la religión que tengamos u otras ideas, todos coexistimos en este mundo y hay mucha bondad en él. Sigo creyendo en las personas, en los buenos tratos, en las cosas buenas. No creo en lo malo, en las guerras de unos cuantos, todos somos hermanos. Nos apoyamos en situaciones de desgracia, somos unidos y estar todos en un mismo lugar, buscando ver el amanecer, es increíble, todos buscamos la paz, pero principalmente, la paz interior. Y la hora llegó, 5:54. El sol, despertando después de sus casi once horas de sueño, levantándose sobre el mar, naranja, fuerte, poderoso, pero con un pequeño problema, las nubes grises lo tapaban. Y me hizo recordar lo que comenté antes. Por más negro que parezca el problema, siempre amanecerá para aquellos que no dejamos de luchar. No importan los problemas que se vengan mientras se tenga la fortaleza de afrontarlos cara a cara y de manera rápida. Y qué maravilloso regalo de la vida el poder ver eso.
Después del espectáculo natural regresamos al hotel y me recosté un poco en el camastro y pensé en uno de mis grandes amores, alguien a quien la distancia me impide amar, y pensé en su estúpida idea de hacer que me olvide de él, de ignorarme para que lo olvide, de no luchar por lo que puede ser –o pudo haber sido-, de querer que siga con mi vida, de querer no estar en mi vida, de dejar todo a la expectativa, de liberarme, quizá sí me quiera y me esté dando mi libertad, pero en sí, yo no la quiero, no quiero ser libre, al menos no de él pero si así quiere, así lo haré. Lloré sí, pero lo liberé y a la vez me liberé, haré mi propia vida y si la vida quiere que sigamos, lo haremos porque si uno no quiere, dos no pueden; después de mi despedida a distancia, me duché, vestí y fui a desayunar ya que tendríamos una salida a Tulum. En el camino a Tulum seguí escribiendo y pensando qué hacer para divertirme y distraerme en la noche. Pero me puse a escuchar música y no terminé de escribir ya que me quedé dormido. En Tulum, conocí lo que fue una de las mejores ciudades del pueblo Maya. Descubrí también un mar de colores hermosos, de belleza incomparable. Descubrí lo que se siente estar bendito por un ser que aunque no conozco o nunca llegue a conocer, lo hace. Descubrí que el mar sabe distinto según el lugar y que las cosas se pierden cuando ya no nos hacen falta –esto lo digo porque perdí mis auriculares en la arena-.
Después de Tulum fuimos a Playa del Carmen, y anduve con un compañero buscando qué comer en la famosa 5th Avenue, sí, como la de NYC pero en costeña y chiquita, caminé hasta encontrar un McDonald’s, lo sé, ya me regañaron por eso y comí solo en lo que mi compañero se fue con otros compañeros. Comí solo y junto a mi mesa se sentó una familia que empezó a orar por la comida y me acordé de la mía, de lo mucho que les gusta eso y a mí no. En lo mucho de que diferimos de ideas, de creencias, de posturas, cada quien defiende lo suyo, lo que nos hace personas, porque razonamos, unas no mucho pero lo hacen. Lo que nos separa de la mayoría de los animales, que pensamos, pero lamentablemente en ocasiones actuamos sin pensar y seguimos nuestro instinto animal. Después de disfrutar mi hamburguesa, pedí un cono de helado y salí; me puse a caminar en la playa, solo, con mi música favorita, y el sol a punto de esconderse.
Caminé y pensé en lo bello que es la vida, el vivir relajado y divertido, es muy rico caminar en la arena mientras las olas golpean tus piernas. Donde las aves vuelan tan cerca de ti –a mí me dan pavor- que piensas que te llevarán, pero es divertido estar en contacto con la naturaleza. A lo lejos divisé un mirador, un muelle, por un momento pensé en no cruzarlo pero me ganó mi calentura y ahí me ven, conversando con un chico de California cruzando y subiéndonos al muelle. Le tomé unas fotos y el a mí, es fotógrafo y quedaron muy padres, espero que me las envíen luego, nunca le pregunté si era gay pero andaba solo como yo. Después en lo que él siguió tomando fotos, me separé y me fui a sentar a ver el atardecer, con las olas moviéndose, las risas de otros turistas muy divertidos y yo en la reflexiva. Uno de los chavos locales me pregunto de dónde era y por un momento pensé en decirle la verdad, pero al mismo tiempo no quise ser yo, quería alejarme de mí un rato y le dije que de NYC, le inventé una historia, toda en inglés. Me creyó. Es tan fácil ser otra persona, inventarse una vida –al principio- pero después, tarde o temprano caerás en tu mentira y no sabrás cuándo salir. Esto lo digo por una mentira que dije hace un tiempo y terminé enamorado. Caí en mi trampa. Después de mi momento mágico en contacto con la brisa y el aire, me levanté y le dije adiós a Jorge y a Raúl, los locales. Y a Tom, el de California. Y me fui por el muelle, caminando solo. Aventé mis sandalias al lado de la playa para que no me estorbasen al bajar.
Como traía arena en los pies me fui descalzo por las calles hasta encontrar un lugar donde lavarme, sin importarme el qué dirán, y es verdaderamente cómodo andar descalzo, algunas veces duele debido a pequeñas piedras, pero la piel se me hizo un poco fuerte. Llegué a tiempo al autobús que nos traería de regreso a Cancún y compartí las fotos que tomé con unos compañeros que ya tenía tiempo que no platicaba con. En el camino disfruté mi soltería. La agradecí. Al llegar a Cancún, salí un momento y me encontré con una pareja de estadunidenses y quedamos en vernos más tarde. Qué hombres tan más guapos. Lo que sigue ya no lo escribiré.
Regresé a mi hotel, como puta arrepentida, extrañando al amor que me dejó ir, y a todos los que me dejaron ir, a los que no se dieron cuenta de lo mucho que valgo, de lo mucho que puedo hacer, de las virtudes que tengo y sí, así como tengo defectos también tengo cosas buenas, muchas. Y no lo iba a poner pero pasó nada con los estadunidenses, estaban tan borrachos que no pudieron con el paquete y decían puras pendejadas y se reían como idiotas. En balde su belleza. Hasta risa me dio, y pena ajena por mí. No sé si por quedarme caliente o por haber ido. Llegué, me duché y me metí a la cama.
Día Tres.
Día libre. Bueno, más que nada fue para hacer tareas de investigación, pero ¡qué va! Fui a disfrutar, no a matarme haciendo preguntas. Empezaba el Buen Fin en unas tiendas y pues que no me lo dijeron dos veces y me fui a surtir, empezando por ropa para mis bebés y me fui a por mis Calvins y demás playeras y pantalones en otras tiendas, también compré auriculares nuevos, no podía estar más sin mi música. De pronto vi que un chavo me seguía, y voltee a verlo. Me hice como el que no me di cuenta y seguí mi camino, pero me seguía aún. Hasta que me detuve y le pregunté si se le ofrecía algo, vaya mi sorpresa cuando así seco me dijo “Quiero que me cojas.” Y yo así de “WTF?” ¿Neta me había dicho eso? No estaba tan de mal ver si le ponía unas gafas como las mías pero la carne es débil y accedí, después de meses de no hacerlo fue delicioso. Estaba en mi lugar de origen, nací para eso. Obviamente jamás salgo sin protección, oso hacerlo a capella. Qué rico el güerito poblano. Después de eso, me fui a duchar y a comer. Después de comido tomé mis cosas esenciales (auriculares, batería externa, bloqueador, crema y más protección) y me fui a caminar por la playa, crucé varios hoteles y así como dicen que el dinero atrae más dinero, el sexo atrae más sexo. Un brasileño hermoso, trabajador de American Airlines que se hospedaba en CasaMagna, me invitó un trago, no lo podía despreciar. Y pues bueno… De ahí, en el mismo hotel, un checo. Madre santa. Yo estaba feliz después de meses de sequía, por fin había llovido en mi desfile. Bendita soltería. Tres en un día.
Regresé caminando por la playa y llegué a mi habitación, me cambié de ropa y me fui a nadar a la playa. Estaba extasiado, el paraíso en vivo. Después me fui a bañar y a prepararme para salir a conocer más sobre la night life de Cancún. Mejor me hubiese quedado en el hotel. Un sueco, guapísimo, mi dios nórdico que siempre pedí me hizo platica y estábamos taaaan cerquita de su hotel… Luego de conocer el hotel seguí conociendo, yo lo que buscaba era solo unos tacos al pastor para cenar, no que un grupo de brasileños llegara a la calle donde estaba y que me abordasen dos. ¡Ay, no! Yo estaba que no podía, y tenía que regresar a las diez a pasar lista, pero bueno, tenía tiempo. Me fui con ellos a su hotel. ¡LO SÉ! Pero así como los bugas se van con chavas, así uno también, ¿Y QUÉ? Un hotel muy bonito, debo reconocer. Me cae que cuando me pregunte mi maestra de hotelería lo que aprendí, voy a ser el que más explicaciones le dé.
Después del pase de lista, salí a caminar y compré un café, un panino y me los llevé al hotel. Lo cené afuera de la habitación, en el jardín. Y de repente, rompí a llorar. No sé ni por qué ni cómo, pero me pegó tanto mi soledad, el haber estado tan sexual todo el día y al final, nadie. El divertirme como nunca, pero al final deprimirme por jamás saber lo que es sentir, con sentimientos y no con placer. Sentir a una persona que de verdad te quiere. Sólo una vez lo he hecho así, pero ya no recuerdo muy bien.
Rompí a llorar por tantos años desperdiciados de jamás conocer el amor, de años de no tener vida, de no vivir por estar encerrado, de estar encerrado por miedo, por miedo al rechazo de mis padres, de mi familia, del mundo. Por años que jamás volverán, y que ahora empecé a vivir, que empecé a descubrir, que empecé a experimentar, estoy viviendo deprisa para no dejar pasar mi mejor época, ya uno ya está fuera, lo de hoy son más jóvenes. Me da envidia tanto chavito de dieciséis años ya fuera del closet, ya libres, con novios, y yo sin poder tener alguien a quién abrazar, decirle que lo quiero, al menos no físicamente. Ellos sí. Tienen mucho tiempo por delante y yo ya no. Ya estoy por cumplir años, un año más viejo. Pronto tendré arrugas, ya no seré guapo y me duele no haber vivido una adolescencia normal, de llegar en la madrugada ebrio, o quedarme a dormir con una chica, ¿por qué es tan difícil para uno, como gay, poder vivir todo eso? ¿Qué acaso no merezco sentir que alguien me quiere? ¿Por qué mis amigos si pueden quedarse a dormir con sus novias? ¿O por qué mi primo si puede ir a cada rato a visitar a su novia por días? ¿Por qué yo no? ¿Por qué no puedo salir sin que me interroguen a dónde voy? ¿Con quién? ¿A qué hora llego? Jamás conoceré lo que es amar a esta edad. De hecho ya ni soy adolescente, pero como quiera sigue el dolo.
Y en el llanto, descubro la esperanza, un amigo nuevo me pregunta cómo estoy, y le mando una nota de voz pero igual llorando y me llama y hace que piense que no estoy solo, y lo adoro, y juntos nos ayudamos y me encanta hacerlo. Porque lo quiero, es un maravilloso hombre que aunque sí ha conocido las cosas bonitas también ha sufrido y lo abrazo a distancia y su voz me calma, me relaja y me llena de paz y lo que me dice me gusta, hace que sienta nuevas ganas de vivir, y le agradezco porque me dio la fortaleza que necesitaba, y espero que yo a él. Platicamos casi una hora. Y esa hora me cambió. Le agradezco infinitamente por su soporte y por darme esa calma que tanto necesitaba, por la paz que no pude encontrar yo mismo. Por quitarme la soledad que pensé que cargaba. Por eso y porque sé que estará en mi futuro.
Porque cada día se rompen cosas, sueños, anhelos, deseos, imágenes sobre uno mismo, sobre otros. Relaciones, amistades, incluso con uno mismo. Rompemos expectativas, credibilidad, rompemos muchas cosas. Rompemos lo que no necesitamos, aunque al principio no lo parezca así, siempre que algo se rompe es porque ya dio todo de sí, en ocasiones se puede remedar pero no queda igual, por mucho cariño que se le tenga, por las ganas que se le echen. Lo roto, roto está. Y es cuando debemos mirar al frente, ver lo que tenemos, lo que aún no está roto y agarrarnos de eso y adquirir cosas nuevas, nuevos sueños, nuevas esperanzas, nuevas ilusiones, nuevas metas. La vida siempre te da lo que necesitas, quizá no de la manera que lo esperas o quieres pero te las otorga, el chiste es abrir los ojos y olvidarse de lo roto.
Continuará…


Deja un comentario