14 agosto, 2014

Dicen que cae más rápido un hablado que un cojo, y esto es cierto. Hace tiempo dije que no tendría relaciones a distancia pues se me hacía una pérdida de tiempo y pues las tuve. Son personas con las que, por medio de internet -como lo mencioné anteriormente-, traté, obviamente no al mismo tiempo, pero se hicieron parte de mi vida.

Al principio tuve la fortuna de conocer a un chavo que, en lo personal, le estoy muy agradecido pues cumplió uno de mis sueños, una de las cosas de mi bucket list está tachada gracias a él; a este chavo sí lo conocí, justamente un mes después de haber escrito «Him» y admito que fui muy feliz, aunque haya sido por un día. Lo conocí como a principios de febrero y estuvimos hablando por un mes todas las noches por FaceTime y luego, después de pensarlo un poco, tomé la decisión de ir a Puebla a conocerlo y fue maravilloso aunque el cuento haya durado solo un día. Desgraciadamente las inseguridades y la distancia acabaron por separarnos, aunque de vez en cuando seguimos platicando.

Creo que el siguiente es el más difícil de escribir y el más imposible de realizarse, pero caray, cuánto lo adoro. Los sentimientos sí nacen y más cuando lo ves todos los días, a todas horas, en todo momento, e incluso hacen todo juntos. Aunque él esté en España y yo en México, no soltaba la MacBook en la casa, o el iPad o el iPhone, siempre juntos. No hay un solo día en el que no piense en él, y que no me brote una que otra lágrima. Sí, me enamoré de Carlos y aún estoy, y quizá parezca tonto por la distancia tan grande, pero un sentimiento no conoce de esto, simplemente nace.

Regresando a México está uno que no merece que le levante el ego más de lo que ya lo tiene por los cielos, y otro a quien en pocos días he llegado a querer abrazar muchísimo, que tiene unos ojotes hermosos.

Y puedo decir que me engancho demasiado rápido cuando me tratan bonito, y quizá sí, puedo llegar a ser empalagoso o incluso hartante, no lo sé, no me lo han dicho, pero siento que llego a cansar y pues la ilusión, como lo mencioné en «The Illuisionists», es uno de los sentimientos más grandes, hermosos pero a la vez peligrosos que podemos sentir como humanos, pues éste hace que creemos una fantasía, un cuento de hadas y nos adelantemos al tiempo para crear un final feliz, siendo que estos no existen, ni tampoco la fantasía, ni las situaciones bellas, quieras o no, sabes que la ilusión, el enamoramiento, y todas las sustancias secretadas por la feniletilamina -dopamina y norepinefrina- causan una sensación de estar drogado, por la felicidad que te da, el estar sonriente todo el día y sentirte en otro mundo, necesitar esa sensación que da al escuchar su voz y no poder dejarla de oír, o el pasar el día viendo sus fotos pensando que hay nadie más bello, o el pensar todo el día, el necesitarle, y que del otro lado no se sienta igual, que sea un «qué lindo» o un «y yo» o un «gracias», y todas esas frases disfrazando un «a oc». Y no sé, a veces uno se cansa, cansancio de ser uno el que  busque, el que quiera mejorar la relación, el que quiera hacer que funcione, el que quiera hacer lo imposible para que esa persona esté bien, incluso sabiendo que está enamorada de otra persona y que, sinceramente, la realidad es otra, tú no importas, solo importa el que ignora, el que hace el feo, el que le da igual si le habla o no, así como le hacen a uno. No tiene caso. No tiene caso perder el tiempo por algo que por más que quieras, por más que anheles, por más que trates, no vas a lograr, es como si estuvieras a la mitad -en subida- de unas escaleras eléctricas en bajada, por más que trates y trates, y trates, te va a costar mucho trabajo llegar, solo si haces trampa puedes llegar, pero así no tiene chiste, ¿qué chiste tendría que alguien «te quiera» por haber hecho trampa? Y pues no. Así no juego. Y sí duele porque muchas veces uno sí se entrega, sí da lo que tiene, pero cuál chiste tiene si no es bien recibido o lo es pero pues ya por compromiso, mientras uno está con la idea de hacer feliz, de hacerle sonreír y de mejorar sus días y vivir con la culpa, la cual no se tiene, de no vivir en la misma ciudad. Creo que cada quien está donde tiene que estar por una razón en específico, y todo tiene su tiempo. Ellos tampoco tienen la culpa, dime tú quién no se deja querer bonito y que lo apapachen, la culpa de la ilusión sí es de uno por ser un pendejo que lo da todo de golpe.

Quizá sea tiempo de hacerle caso a mis amigas que me dicen que «Cuando menos lo espere va a llegar, y si no llega es porque lo estás buscando.» aunque siempre lo consideré más un: «No te preocupes por estar quedado, ya si no llega pues ya, bye.» Y noche a noche me pregunto dónde estará y si me estará buscando también, el imaginar su rostro sonriéndome, un rostro que ni siquiera conozco pero que espero un día ver cada amanecer.

Hasta aquí espero terminar sobre mis amores a distancia, lo que tenga que ser, será; mientras, le daré una oportunidad al único de verdad me importa, yo. Espero sus comments.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.