Boca del Río, Ver., 17 de septiembre, 2019
Vaya, tiempo deseando tener un trabajo, de enviar CV por mil puestos y que ninguno haya pegado, que ahora que lo tengo lo que más quiero es tiempo para descansar.
Desde que me enteré de un libro por ahí de temática gay que trata sobre relaciones un poco intensas dije, este lo debo leer. Los que me conocen y siguen en redes sociales saben que recién terminé mi primer novela con un tema un tanto parecido mas no igual, por lo que definitivamente tenía que tener ese libro en mi colección. Al no tener tiempo ni para ir a una librería y comprar el libro, decidí que «La noche se me fue de las manos» (Max EHRSAM, Alfaguara, 2019) sería el primer libro digital que leería en mi vida.

Max EHRSAM, el autor.
Deben saber que soy purista en cuanto a la lectura y prefiero un millón de veces tenerlo en papel que en la pantalla de la iPad- y así como lo compré lo terminé, cosa realmente extraña puesto que es una novela de un solo capítulo, ¡los odio tanto! Pero aquí jugó a su favor las ganas de saber qué pasa después, qué sigue en la vida del protagonista -que hasta el final me di cuenta que jamás nos dijo su nombre porque sabemos quién es- después de conocer a Nate en un Starbucks de Chicago (¿realmente Starbucks me sigue a todos lados?)
Y es que así es como empieza, como lo más cotidiano del mundo, ¿cuántas veces hemos ido a algún Starbucks, nos sentamos en la barra solos y de repente nos gusta algún chico demasiado (en mi caso hasta trato de ver el nombre en el vaso) pero sabemos que jamás tendremos chance con él y ahí la dejamos pero la vida en ocasiones nos da otra oportunidad y nos lo pone de nuevo en nuestro camino. Y así, después de una noche de sexo con Nate en Chicago, nuestro protagonista que vive en San Francisco debe regresar a casa y ya. Una ONS más. Cuando regresa a la oficina, después de ponerse al día, ve tres correos de Nate en su computadora diciéndole que lo extraña y que tiene que ir a verlo a San Francisco.
PAUSE: Creo que esto es algo que todos hemos vivido, el enamorarnos de alguien después de una noche, es algo que pasa más seguido de lo que se espera, el corazón es pendejo y rebelde, ese cabrón si se enamora nada lo puede detener y si son de otra ciudad, ahí vamos como pendejos a buscarles, a tratar de pasar más tiempo, de conocerles con la estúpida pero inocente idea de pertenecerle a alguien, de ser parte de la vida de alguien.
PLAY: Nate va a San Francisco, tienen unos días increíbles y decide que se mudará a finales de año con nuestro protagonista. Honestamente eso es algo serio, vaya, que alguien deje su trabajo, su ciudad, su vida, su todo por ti, ha de ser hermoso pero a la vez qué chinga de responsabilidad para tratar que todo salga bien. Y no entraré más en detalles porque no quiero contárselos, quiero que vayan a la librería y pidan una copia de este libro que los va a hacer llorar, los va a hacer enojarse, los va a volver locos.
PAUSE: Necesito sacarlo, necesito sacar las emociones que al leerlo me causó, la rabia que me dio, los celos. Nate (no es spoiler, lo dice la contraportada) es escort en Chicago, aparte de terapeuta en un centro de apoyo para chicos gays, lo que causa que a nuestro protagonista, aunque no lo diga, no le parezca del todo, aquí lo que hace Nate es decirle que dejará ese negocio por un tiempo ya que quiere algo bien para los dos. Y no es que me ponga celoso por un personaje, sino que me pongo celoso por todos aquellos chicos con quienes he salido que aún tienen relación con sus antiguos novios, que tienen más confianza con ellos que con uno, que les es más fácil decirles a ellos lo que sienten, lo que pasan, lo que viven que abrirse con uno que está ahí física y emocionalmente con ellos. ¿Por qué? ¿Por qué unos tenemos que lidiar con eso y para otros es tan sencillo todo? Parece que las relaciones las hicieron para ellos pero no para uno. Y esto es lo que pasa, a Nate le cuesta dejar su antigua vida porque también, seamos honestos, ¡somos hombres y nos encanta la putería!
El día que entendí esto último, mi manera de ver las cosas y las relaciones cambió completamente. Si bien me conocen saben que jamás he podido tener un novio estable por más de tres meses (si bien me va), o sea, las relaciones no son para mí al parecer, pero antes yo era de los que pensaban que si una persona está contigo, estará contigo y nadie más, ¿por qué? Porque somos egoístas, no nos gusta compartir lo nuestro. ¿Pero qué tal uno? Uno si puede andar buscando otros chavos para coger o buscando simplemente una mamada o una jalada en algún lugar público sólo para sentir la adrenalina que eso da y sentirnos DESEADOS por alguien más. Saber que a pesar de estar con alguien, le gustamos a otras personas. Que aún tenemos nuestro atractivo, con el fin de aumentar nuestra seguridad ergo autoestima. El día que lo entendí decidí que si un día tengo un novio bien, jamás le prohibiría que tengamos relaciones con alguien más y el hecho de imaginar eso causa tanto morbo que sería conmigo ahí, o con él ahí. Ser compañeros de aventuras, de vivir la única vida que tenemos, disfrutarla con responsabilidad por el bien de ambos y eso sí, jamás ver a uno más de dos veces para no crear vínculos afectivos –que como quiera, al momento de dejar de querer a la pareja, nada puede hacer que se quede- y que, al finalizar las experiencias, nosotros seamos con quienes comparten la cama. Que seamos nosotros a quienes abrazan en la noche y besan entre sueños para tener sexo delicioso de madrugada, porque al final de cuentas todos necesitamos amor. Necesitamos sentirnos queridos, amados, protegidos, hacernos chiquitos en los brazos y en el pecho de alguien y que sepamos que estaremos bien. Porque nos da miedo el no saber qué va a pasar.
Todos somos, por muy mayorcitos que nos queramos hacer, unos miserables niños necesitados de la aprobación de nuestros padres y de su cariño y protección. Si a ellos no les gusta nuestra pareja, llegamos incluso a avergonzarnos de él o ella, pero qué más vergüenza que a veces ni siquiera aceptarnos nosotros mismos. Porque cuando estamos en la calle con nuestro novio no es por los niños o por los demás la razón por la cual no queremos dar la mano, sino porque tenemos la incertidumbre de quién de nuestra familia nos podrá ver, qué van a decir, qué concepto tendrán de mí. Somos unos escuincles jugando a la casita, queriendo formar la nuestra, saber que cuando el anillo esté en nuestra mano podremos un poquito zafarnos de nuestra casa y empezar la propia.
Y qué pasa cuando de repente todo lo que uno ha ido construyendo empieza a desmoronarse poco a poco por no saber decir basta, por no saber poner un alto a la situación que lleva al vacío emocional, al no saber cómo hablar, cómo decir lo que se siente. Cómo lidiar con las adicciones, con la vuelta a los negocios sexuales, con no saber con quién ha tenido sexo y si se ha protegido, si va a llegar a casa o se habrá ido con otro ya, cómo lidiar con el hecho que nuestro conocido ahora es un desconocido con quien nos tenemos que proteger para poder estar en el otro. ¿Cómo hacer para que todo eso no se nos vaya de las manos hasta que no podamos detenerlo más y que, como energía que somos, sigamos fluyendo en distintas direcciones?

LO BUENO: La sutileza, la narrativa, lo dirigible, las palabras, las páginas, la trama tan real y tan poderosa.
LO MALO: La duración, el final más abierto que el culo de Nate, el trago seco al final, el querer llorar a cada rato. Los tiempos gramaticales (que sí tenían que ver con la historia) y los compañeros de trabajo que se ven tan equis que así los has de haber recordado.
BONUS: Las pequeñas historias sobre chicos que pasan por lo mismo de nosotros a lo largo de la escuela.
Gracias a Max por darnos esta historia, a Alfaguara por atreverse a publicarla, me encantaría que lleguen más títulos intersantes.


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