25 enero, 2018

Hola, Kike:

Sé que no estás bien. Que quizá preguntarte cómo estás sea una pregunta tonta y no vale la pena realizarla porque, conociéndote, me dirás que estás bien aunque no sea así. Siempre dices que estás bien aunque te esté llevando la chingada, sonríes de una manera tan natural para ocultar las ganas que tienes de llorar, siempre tan contento por la vida aunque ésta no te esté tratando bien. No entiendo cómo le haces para ser siempre amable y cariñoso con todos, incluso conmigo, que soy la razón de tanto dolor que has cargado.

Perdóname, niño mío. Perdóname por llamarte mío sin ser yo tuyo.

Perdóname por llamarte niño cuando has demostrado ser más hombre, más valiente y más atrevido y maduro que yo.

Perdóname por tanto dolor causado sin ser merecedor tan siquiera a tu cariño, por tanta lágrima sin ser merecedor a tu mirada.

Perdóname por engañarte haciéndote sentir especial para mí cuando el sólo hecho de ser tú mismo ya te hace especial para el mundo.

Perdóname por esas noches que te he hecho esperar solo en cama, aguardando mi llamada o mi visita.

Perdóname por hacerte creer que te hacía el amor cuando sólo buscaba coger.

Perdóname por esas noches de silencio en las que te hice creer que tenías culpa de algo cuando en verdad no sabía cómo reaccionar a ti.

La verdad, Enrique, es que no sé cómo puedes no darte cuenta de lo grande que eres y lo poco que soy. Perdóname por no ser el cabrón que mereces y ser el cobarde que jamás debe estar a tu lado. No sé qué has visto en mí pero te lo agradezco como no imaginas. Por lo menos el saber que una persona como tú se puede fijar en alguien como yo me hace sentir especial. Mira todo lo que has logrado. Lo que has crecido. Todo por ti. Por tus impulsos que tanto detesto. No los detesto por ti, sino porque no soy capaz de hacerlo yo. Jamás habría podido ir a una ciudad nueva para buscar algo teniendo lo que tenías. Viniste y te atreviste. A estar solo, a conocer, a vivir lo que siempre habías querido. Ibas bien sin mí pero tuve a mal llamarte y cambié tu vida nuevamente, volví a enamorarte, y tú, tan bueno como siempre, creíste en mí. En mí que tanto mal te he hecho y mentiras dicho.

Kike mío, perdóname por no valorarte como mereces pero veme, yo no lo puedo hacer ni conmigo mismo. Te odio. Es la verdad, te odio porque me odio, porque no puedo ser como tú, te odio de una manera en la que no te imaginas, porque ese odio es por no poder amarte como mereces. Te quiero, y mucho, te quiero y sé que eres el ser que más me ha querido y me atrevo a decirlo, amado, pero todo ese amor que tienes no debe ser para mí. Hay alguien más que debe tener ese amor, esas ganas de vivir, esa mirada tuya, ese sinfín de palabras que salen de tu boca cuando la abres, esa pasión que tienes entregas cuando te entregas en cuerpo y alma, con nadie lo he hecho como contigo, tienes una pasión que cualquier hombre y mujer quisiera probar por lo menos una vez en su vida. Hasta en eso eres mejor que yo.

Kike, date cuenta de lo que vales. Valórate de una manera de la que ni tú mismo te creas capaz, enséñale al mundo lo que realmente vales. No dejes que más tipos como yo te hagan sentir mal; busca, mejor dicho, no busques, deja que un hombre como tú llegue a tu vida, que te busque, que te encuentre, porque al hacerlo se llevará con el mejor tesoro: tu corazón y tu mente. Tus ideas, tus talentos, tus defectos que te hacer ser único. Niño, vive, ama, ríe con esa sonrisa tan hermosa que tienes, carcajéate como jamás pude escucharte porque siempre te hice llorar. Estar conmigo era darte dolor, niño, y no mereces eso.

Mereces el mundo entero y no sólo una persona. Mereces el mundo que vas a cambiar, sé que lo harás. Algún día caminaré y veré tu foto, ya sea como escritor o como político pero vas a cambiar el mundo de una manera que no te imaginas, deja que todo fluya como debe fluir, no fuerces las cosas de más. Solas llegarán y como dice tu canción: «La vida empieza hoy, dependerá de ti. No hay nada que te frene, tienes tanto qué decir. No hay nada qué temer, eres libre para amar a quien tu cuerpo diga sí. Por los sueños que te quedan por cumplir, tira muros a patadas, abre puertas y ventanas. Queda tanto por hacer, deja que te gane la intención de seguir corriendo, jamás te detengas, Kike, ya te subiste, no te bajes. Corre, sin cansarte. El mundo ya es tuyo. Créetelo. Venga.

Perdóname por no decírtelo de frente, perdóname por ser cobarde y jamás tener las agallas de escribir esto por mi cuenta y tener que hacer que una parte de ti entrase en mi cabeza para que puedas dejarme ir, para que me sueltes, para que tú mismo te des cuenta de lo que vales mediante mi forma de verte, que te inventes una carta diciéndote lo que pienso para que cierres esto y vueles. Perdóname por tanto daño, que se volverá tanto bien para ti. Sé tuyo, no mío.

Ámate, nunca dejes de creer.

Atentamente,

Antonio.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.