22 diciembre, 2014

Este post es la continuación de un cuento titulado «Moon, I Love You» el cual publiqué hace unos meses. Como podrán notar si entienden las metáforas, aquél cuento fue una declaración de amor, y como todo llega a su final, escribí esta despedida. Espero les agrade.
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Llega el momento en la vida de todo niño en la cual deja de creer. Eso pasó conmigo. Después de esa noche, seguimos platicando unos años más, a esta altura de mi vida ya no sé si fueron años, o meses, o incluso días. El tiempo que pasaba platicando con ella me parecía infinito, el tiempo volaba, el tiempo era nuestro aliado y nuestro enemigo, ella se hacía más sabia y más madura con el paso de éste y yo, en cambio, apenas iba descubriendo el mundo. Un mundo que, obviamente, ella ya llevaba tiempo recorriendo y conociendo. Yo, un simple niño, como era de esperarse, la terminé por aburrir. Cómo explicar lo que ella significó para mí. Cómo relatar la experiencia vivida cada noche a través de una ventana. Cómo describir cada sentimiento que despertó en mí con su inteligencia, su mundo, su visión, sus metas. Cómo hacer para olvidarla. Cómo hacer para que cada cosa que platicamos, y mira que abarcamos muchos, olvidara que había platicado con ella. Ella, mi amiga, mi confidente y consejera. Ella, a quién admiraba antes de entablar nuestra primera conversación. ¿Cómo? Es algo que, incluso a esta edad, no lo sé.

Digamos que sé cómo fue que la perdí, o bueno, mejor dicho, cómo la alejé de mí. Hubo una época en la que dejé de preocuparme por las apariencias, por el qué dirán, por agradar a los demás y simplemente ser yo mismo. Y al principio, como todos, medí el terreno y me adentré en él. Obviamente era para correr, quería correr sin cansarme, correr a lo largo y ancho en ese inmenso campo de conocimientos, de aventuras, de creatividad, de paz, de belleza, quería vivir ahí por siempre. Pero quise ser yo mismo, si viviría ahí sería yo mismo, no alguien que aparentase ser quién no es. Traté de mostrarme ante ella sin máscaras, sin maquillaje y ese fue mi error. Lo peor es que no fui yo con ella, sino que fui con los demás, y ella, a lo lejos lo vio y la decepcioné.

Tiempo atrás conocí el sexo, el tabú mundial. ¿Será que si alguna vez deja de ser tabú pierda su sabor? Quizá sea eso lo que lo hace tan delicioso. El placer que me causaba, o causa, hablar de éste se hizo común, hasta el plano de llegar a lo “bajo” como ella lo llamó, pero, ¿es que acaso a ella no le encanta también? En mi opinión, prefiero aceptar lo mucho que me gusta y no negarlo y solo liberarme en privado. Digo, no es que lo vaya a hacer en público o algo así. Simplemente es algo que nunca concebí. O el “burlarse del sufrimiento ajeno” al cual en esa época hasta yo estaba expuesto, y si resultaba expuesto, obviamente lo tendría que afrontar y ser responsable de mis actos, de haber tomado unas imágenes y que saliesen a la luz, era algo que sabía que podría pasar. Por esto, ella me llamó “vil”.

Son cosas que a uno no se le olvidan, no tanto por el hecho del insulto o que te hayan llamado así, sino por quién te llamó así, y más al ser alguien a quien adoras, quieres, admiras, incluso, idolatras, y duele, no el hecho de ser llamado así sino que “caes” del lugar donde esa persona te tenía, que sabes que por más cosas buenas que hagas, las que siempre tendrán en cuenta serán las “malas”, que no importa lo bueno que seas, lo… no tanto bueno, porque somos humanos y no caemos en lo “bueno” o lo “malo” simplemente cometemos errores, de los cuales debemos aprender, pero es así, sin importar si fuiste alguien que hizo muchas obras buenas a lo largo de tu vida, o te metiste con nadie, o ayudaste a muchas personas, si al final haces algo no bien visto por la sociedad, ésta siempre te recordará por lo último, lo “feo”, lo otro simplemente se borrará de su memoria porque así son las personas, y digo son porque de un tiempo para acá, me he vuelto, cómo decirlo, más pensante y reflexivo. (?) Tema que abordaré en otra ocasión. Creo en las oportunidades, porque una persona no es mala por naturaleza sino por la sociedad que la rechaza, incluso desde antes, sin darle siquiera una primera oportunidad. Cuando te cierran las puertas, no escuchan tus ideas, te ignoran, eres invisible, etcétera, etcétera.

Y es este tipo de cosas el que me gustaba hablar con ella, porque me entendía, me contestaba de una manera tan exacta, sabía de lo que hablaba y yo con ella. Como siempre lo dije, afortunado el sol pues de él es su corazón, qué le habrá hecho el sol que jamás deja que la vea. Aunque ella también lo busque. ¿Será que alguna vez se encontrarán? Espero que sí, pues es lo que siempre he querido para ella, que brille, aunque bueno, no necesita la luz de alguien más para brillar, ella brilla por sí sola, aunque digan que es el sol quien le da luz, no creo en eso. (Lo ven, se deja de creer) Mi luna es demasiado mágica para brillar por sí misma, y lo hará siempre, porque nació para eso, para brillar y ser admirada y recordada y eso me pone muy contento porque la quiero, a pesar del tiempo que ha pasado no dejo de pensar en ella. La luna ha sido musa de tantos hombres y mujeres que ya es algo normal estar en los textos de los demás, quizá nunca le hice un poema debido a mi falta de ritmo, pero ya me ha inspirado muchas veces y lo seguirá haciendo, porque el amor que le tengo me anima a hacerlo, no niego que un día llegue una estrella y le robe el protagonismo, pero jamás su poder.

Después de perderla, o como dije al principio, de alejarla de mí, le escribí, le pedí perdón, “no hay qué perdonar” fue su respuesta, pero mi interior sabía que sí, que había algo que tenía que remendar y quizá nunca sabré qué será pero si sé lo que alejé, mucho.

Y sabes qué duele, el no tener una oportunidad de estar con ella, de hablar cara a cara y decirle esto, mis noches sin su luz no son las mismas, me hace falta, se oculta tras las nubes, se pierde en el cielo, no deja que la vea y mi vida es oscura. Mi vida cada día pierde la luz que por naturaleza le corresponde y eso me aterra pero al mismo tiempo me hago a la idea que así será mejor porque quizá ya haya encontrado a su sol y sea feliz, que es lo que siempre le desee, su felicidad, y eso me haría muy feliz porque se la merece.

Aunque, ahora que lo pienso, quizá el sol soy yo. También tengo mi propia luz, también brillo y también puedo dar vida e inspirar poemas y novelas, y quizá estemos destinados a jamás cruzarnos en nuestras vidas de nuevo. Quizá todo es una paradoja, y el niño enamorado de la luna en realidad se convirtió en el sol y esto ya había pasado y por eso nunca pasó pero se conocieron. ¿Entiendes? El sol y la luna si pudieron estar juntos pero quizá su luz la quemó y por eso la alejó, mi luz quema y su luz ilumina y refresca, pero no le puedes pedir al sol que se apague porque apaga la vida. Jamás había pensado en eso. Y es lo bueno de escribir porque te llega la idea en el momento que menos lo esperas. Entonces, ahora como sol, le digo a mi amada, a mi hermosa luna, que la amo, que la admiro y que un día vamos a estar frente a frente y por fin le podré dar el calor que merece y ella la frescura que necesito, aunque sea un breve instante nos volveremos a encontrar.

Hasta siempre, luna mía.

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