7 mayo, 2015
Hola, lector. Te pido una disculpa por tenerte abandonado pero ha sido por varias razones y mereces las explique:
- Entré a hacer mis prácticas hoteleras durante las tardes en febrero y marzo;
- Mi portátil se descompuso;
- Falta de inspiración.
Este post es más que nada un cierre de ciclo, necesario para empezar uno nuevo; una nueva temporada después de ya, gracias a ti, cincuenta posts, que me han permitido entrar en tu vida y espero que lleguen muchos más. Esta es una carta para mi ex, así que si lo conoces, hácelo saber, merece saber también que le agradezco.
————–
Después de tres meses de no escribir, hoy regreso a las letras, no sólo por regresar a la superficie sino porque las letras han sido para mí mi forma de sacar lo malo que traigo, mis problemas, mis cargas, mis sueños rotos y desilusiones.
No sabía cómo empezar, qué tema tratar, cómo abordar lo que voy a contar. No es un tema fácil, no es que quiera contar mi vida o lo que tuvimos, pero cuando una persona te bloquea por todos lados, buscas la forma de despedirte de alguna manera, de decirle adiós y cerrar un ciclo.
¿Recuerdas la carta que escribí antes de dejar de escribir? Todo era cierto, todo lo escribí pensando en ti. En una vida a tu lado, en una vida llena de alegrías, con problemas y tristezas, pero juntos.
Querido Marco,
Me devolviste la vida. Yo estaba muerto, y ese fin de año me resucitaste, me dijiste que lo nuestro sí funcionaría a pesar de la distancia. Ya te había perdido una vez y me habría dolido haberlo hecho de nuevo, aunque bueno, quizá menos que ahora.
Ha pasado ya un mes desde la última vez que conversamos, o mejor dicho, desde que me terminaste. No te culpo puesto que no soy la persona más aguantable de la vida pero, necesito que recuerdes los momentos que pasé a tu lado, incluso cuando estábamos lejos, la voz con la que te hablaba, si tan sólo hubieses visto mi rostro cada vez que te leía o escuchaba, mi sonrisa, mi emoción, mi alegría, sabrías cuánto me hacías feliz, cuánto me hacías falta. Recuerda ese veintisiete de marzo, que llegó después de casi cien días. Esperaba verte ahí, esperándome, feliz de verme bajar pero no estuviste, y me espanté, el llegar a una ciudad nueva, a una terminal que jamás había ido, solo. Sin nadie.
Mi amiga, que por otras razones no pudo estar ahí, me dijo que ahí me quedase, y yo no tenía forma de comunicarme contigo, y luego me llamaste y me sentí protegido, moría por verte, me puse nervioso, me fui a alcanzarte sin saber cómo viajar en Metro, cómo abordar, hice una maleta rápida y ahí me ves, mi primera vez en Metro, por la línea uno, de San Lázaro a Observatorio, morí de miedo, pero todo valía la pena porque te iba a ver. Al llegar a Observatorio y vi la muchedumbre de gente me espanté mucho más, y sé que cuando eres turista no debes preguntar, sólo debes seguir a los demás para que no te chamaqueen, y salí de la terminal y me dirigí a la terminal de auntobuses que nos llevaría a Toluca. Aún recuerdo la felicidad que me causó el que me invitases a irme todo un fin de semana contigo a tu ciudad. Me sentí realizado, tan amado. Y al llegar a la terminal de autobuses te busqué por toda ella, y empecé a desesperarme y a espantarme más, pensé que me habías dejado, y le dije a los policías que te vocearan, que dijeran tu nombre por la bocinas y nada, no estabas.
Compré tiempo aire para mi móvil porque ya no tenía y te llamé y me regañaste, y con justa razón porque hice mal en irme de la TAPO y tú me fuiste a buscar, y eso me dio tanta ternura y ahí me quedé sentado. Esperándote y por fin te vi: alto, con tu chamarra verde, tus lentes, tu cabello despeinado, tus labios rosa y te abracé sin saber cómo hacerlo, muriendo de ganas de besarte y tú me besaste y tomaste mi mano y nos abrazamos y le llamamos a mi mamá para pedirle permiso de irme contigo y todo iba tan bien. Compramos los boletos para Toluca y nos tocó separados, pero ya no quería estar sin ti y le dije a un señor que si nos hacía el favor de cambiarse de lugar para ir juntos, y aunque no nos pudimos besar como quería, el ir contigo a mi lado, de la mano y jugando tus Pitufos hizo que todo valiera la pena, y llegamos a Toluca después de diez minutos, al menos así lo sentí, todo fue tan rápido al ir a tu lado y de ahí nos fuimos al hotel, aún recuerdo mi cara cuando lo vi, pensé que de ahí no saldría vivo, pero lo amé porque ahí fuimos nuestros, te hice el amor y moría porque tú me lo hicieras pero te tuviste que ir, sólo nos bañamos y fuimos a comprar algo de comida para mí. Llegué al hotel y me quedé dormido viendo la televisión, no quería estar solo.
Al día siguiente no sabía si desayunar o no, quería desayunar contigo, pero me dijiste que lo hiciera, que tardarías en vernos, y así fue todo ese día, conocí Toluca, caminé y caminé, tomé fotos, conocí el Cosmovitral, la Catedral, el Zócalo, el Ágora, desayuné un tamal de mole y luego unos huevos con chorizo, y anduve caminando, regresé al hotel y volví a salir. Tomé el tranvía, que me llevó a recorrer más tu ciudad, tan bella, me gustó mucho, me sentía parte de tu vida, me preguntaba qué lugares habrías conocido ya, cuáles serían tus favoritos y después de una hora del recorrido me fui a caminar y a conocer varios museos que fui anotando durante el recorrido, el de Numanística, el de la Acuarela, el de Bellas Artes, la Alameda, entre otros lugares. Se me ocurrió comprar también boleto para el recorrido nocturno, el cual empezaría a las seis y media de la tarde, pero como aún faltaba tiempo, regresé al hotel a tomar una siesta, antes de que diere la hora salí a conocer otros rincones de tu ciudad, caminé mucho y luego me subí al tranvía, listo para conocer las leyendas de las casonas, y en eso, uno de los atardeceres más hermoso que he visto me cegó, y fui feliz, me sentí bendito, sólo me faltabas tú para estar completo.
Recorrí la ciudad de noche, conocí sus historias, me hubiese gustado estar contigo comentándolas, el recorrido duró dos horas, terminó a las ocho y media de la noche y aún no estabas conmigo, yo ya no podía más, quería terminar la relación, una relación de la cual también tenía mis dudas puesto que tu corazón siempre fue muy frío pero a veces sentía que de verdad me querías, y eso hacía que me quedara, y así estuve, ya no recuerdo qué fue lo que cené, creo que nada y después de volver a caminar y estar más tiempo solo regresé al hotel, y te estuve llamando, dejando mensajes, y tú, como siempre, sólo los leías, no te molestabas en contestar, y así me estuve hasta la una o dos de la mañana, sin poder dormir, y cuando por fin pude dormir, me despertaste, ya venías en camino y yo me alegré, abriste la puerta y te dirigiste al baño, al salir te besé, venías tomado, pero estabas ahí, conmigo, y te desabroché el pantalón… Nos fuimos a dormir.
Al despertar no me creía el tenerte a mi lado, a mi novio, al hombre con quien me habría gustado estar muchos años, y en ese momento, entre tus brazos, fui feliz. Después fui tuyo y fue hermoso y me pediste ser mío de nuevo y te amé. Y ahí acabamos, juntos, abrazados, y nos duchamos, mientras tu mamá te llamó toda la mañana, hasta que te tuviste que ir, no sin antes estar un rato más los dos y salir juntos del hotel, yo me fui a desayunar y tú a tu casa, caminé, totalmente feliz, imaginando la vida que tendríamos al regresar a la Ciudad de México ese día, donde se suponía el martes viviríamos ya juntos, caminé, y regresé a hacer el check-out, dejé las maletas en el lobby y salí de nuevo a caminar, a esperarte por horas, del Centro al hotel, del hotel al Centro, así anduve pensando en nosotros. En nuestro futuro. Y casi a las cuatro de la tarde del domingo veintiueve llegaste y nos fuimos los dos, caminando hasta la terminal, y te daba chocolate en la boca, y fue hermoso. Compré los boletos de regreso y fue nuestro segundo viaje juntos y me diste tu mano e ibas de cochino tirando la cáscara de las pepitas, cómo me pude reír de eso, incluso ahora, “mi cochinito” te dije y te besé. Al bajarnos en la terminal sabía que nos tendríamos que separar y me dolió pero no te lo dije, sabía que a partir de ahí empezarías de nuevo a ignorarme y yo me fui con mi amiga a una comida familiar, me presentó a su familia, la cual, parte de ella se volvió mía y gracias a ellos pude aguantar el estar sin ti, yo sólo quería estar contigo.
El lunes no nos vimos y me fui con mi amiga y su prima a pasear, en lo que ellas se ponían al día yo conocí parte de la ciudad en Insurgentes Sur, al otro día fui a Polanco, a la Embajada de Alemania y después al Soumaya, y luego a Antara, lugares que me habría encantado ir contigo y me llamaste para que fuere a tu casa y así lo hice, y fue hermoso, me perdí y bajaste por mí, algo enojado, ¿sabes? A veces pienso que te hartaba y quizá sí, y te pido disculpas si eso pasaba. Al llegar a tu colonia me dijiste dónde jugabas y que de ser posible te gustaría vivir ahí de nuevo y yo me imaginé contigo en una casa de esas, con nuestra familia y fui feliz. Te dije que me esperaras en lo que te hacía tu cartel de “Felicidades Tony” con Minions y Bob Esponja y luego te hice el amor de nuevo y por última vez, y ahí fue donde con el dolor de mi corazón te dije que ya no estaba enamorado de ti, que me tenías que reconquistar y nos besamos, después vimos la televisión y brindamos por nosotros, fui feliz. Después me contaste tu historia, el origen de tu frialdad y lo odié porque por su culpa yo estoy pagando eso. Lo odié porque por su culpa no me permitía poder abrazarte y besarte de la manera que tanto quería y caminé contigo, por la famosa Zona Rosa, y Reforma, un poco tiempo porque teníamos que regresar, y me abrazaste, y fui feliz, Marco. Un solo abrazo tuyo hacía que mi mundo fuera distinto. Y nos tuvimos que separar.
El miércoles no nos vimos y anduve paseando con mi amiga, de hecho fuimos al Emporio para alcanzarte e ir a comer, estabas en junta, por la noche salí con un amigo y te lo dije, te pedí permiso y tú accediste. El jueves fue hermoso porque te vi más tiempo, caminamos por Reforma hasta Bellas Artes, me llevaste abrazado, todo el camino, de la mano, mi novio, mi amor. Cuánto quise decirte lo mucho que te amaba en ese momento, lo feliz que me hacías, las ganas de vivir que me dabas pero sabía que si lo hacía huirías y callé. Me contaste la historia de tu nombre y aunque para ser honestos sigo sin creerla, no me importaría cuál fuere, pues me importas tú, no un apellido, fuiste un amor conmigo, ¡cierto! Ese día estuve de lo más sentimental, fue el día del Ángel, todos estaban con sus parejas y a ti te daba pena darme un beso o abrazarme, nos tomamos las fotos que nunca me pasaste, porque tenías miedo que las fuera a subir, yo sólo las quería para mí. Nuestro momento juntos y felices. Te habló tu mamá por eso sólo me acompañaste hasta Bellas Artes, y de ahí me quedé caminando hasta la noche. Al otro día, el viernes tres, un día antes de tu cumpleaños nos vimos, por última vez, y te enfrenté, te pregunté si querías una relación abierta por tener Tinder en tu móvil y me dijiste que no, que sólo querías estar conmigo, y nos sinceramos y te dije que yo sólo quería estar contigo también, y fue nuestro abrazo y luego fue el principio del fin, cuando al separarnos me enojé porque no me querías besar y luego yo a ti no y así estuvimos, perdiendo el tiempo en enojos, y al irte a tu anden, yo corrí a alcanzarte y estabas ya sentado en el Metro, y esa fue la última vez que te vi, el último recuerdo que tengo de ti. De mi niño que tanto amaba, triste y pensativo. En la noche te llamé y te lo dije, que no me importaba el pasado, quería que fuéramos hacia delante y me dijiste que sí, te dije lo mucho que te adoraba y tú a mí y se me acabó el tiempo aire.
El sábado cuatro de abril, tu cumpleaños, pensé que lo pasaría contigo pero estabas en Metepec con tu familia, te llamé desde el móvil de mi amiga y me dijiste que estaba enojado pero ya no, sólo triste, ese día lo pasé con su familia, hasta la noche, fue muy bonito y la luna, hermosa, grande y naranja estuvo conmigo toda la noche. El domingo me regresaría a Xalapa pero su familia me dijo que me quedase un día más, regresé con prima y tías, la pasé genial con ellas todo el domingo, tú y yo estábamos sin hablar, porque no me contestabas.
El lunes seis, mientras compraba mi boleto en la TAPO empecé a llorar en la taquilla, qué pena, y fue que te mandé mensaje para que me llamaras, jamás lo hiciste, mi último día en una ciudad a la que fui para estar con mi novio, y no me había ido a dejar, ni habíamos hablado, y fue en el trayecto cuando contacté con tu amigo, para pedirle ayuda, estaba desesperado por saber si tú me querías y jamás pensé que el querer salvarnos nos fuera a destruir, después me dijiste que alguien te dijo que te fui infiel cosa que no es cierto, y quedamos bien, perdoné tu desconfianza y quedamos de vernos en Puebla, como todo estaba planeado, por ti decidí ir a Puebla, para que estuviésemos juntos y estuvieses cerca de tu familia y hace un mes, el día siete, te pusiste de nuevo grosero y me dijiste que por qué tuve que haber contactado a tu amigo, y hasta ahí quedó todo, ahí murió lo nuestro, me bloqueaste de todos lados, jamás he podido escuchar tu voz de nuevo y la extraño como no te imaginas. Y así pasa el tiempo y yo sin saber de ti, no sé si sepas de mí pero acabo de ir a Puebla a la entrevista y qué crees, me aceptaron; en Puebla, la ciudad que desde un principio iba a hospedarnos en mayo, incluso antes de ir a la Ciudad de México ese era el plan, ¿hubiese estado mejor? No lo sé, ya pasó todo y aún me duele, aún me dueles. Yo sólo quería ser tu amigo, que me dejaras entrar en tu vida e incluso te dije una vez que de terminar, nuestra canción sería “Wrecking Ball” y así fue, quizá debí haberte dejado ganar y llevar la relación de la forma que tú querías, no querer entrar en tu corazón de una manera tan abrupta. El chiste es que Puebla sin ti no será lo mismo, no sé que será de mí, si conoceré a alguien, o qué pasará, lo que sé es que no quiero volver a ser el hombre que ignoran y que quiere entrar en la vida de su pareja por amor, no seré él de nuevo y por lo tanto, no sé si quiero una relación ya, o deba guardar reposo porque no creo aguantar otra decepción. Marco Antonio, fuiste mi mayor decepción amorosa, pero a la vez, la historia más grande porque me diste mucho: me hiciste creer de nuevo en el amor y en la esperanza cuando estaba por despedirme, me diste dicha y alegría, pero así como me diste, me lo arrancaste, de golpe y sin dejarme defenderme, sin cerrar el ciclo de una manera sana.
Supongo que, como dije al principio, el escribir esto hará que te saque de mí, porque ya es justo que desaparezcas de mi vida si no quieres estar en ella, si no me diste la oportunidad de demostrarte cuánto pude haberte amado, querido, protegido, de ser tu amigo, tu cómplice, tu persona. Espero que con el paso del tiempo un día me dejes de doler, dejes de estar en mi cabeza al despertar y al dormir. Agradezco infinitamente que no hayas estado conmigo en los lugares que conocí durante ese viaje porque de haber sido así, todo me recordaría a ti y no sabría cómo sacarlo. Gracias por haberme devuelto la vida y el gusto por querer, por no haber permitido que este año me cerrase al amor. Gracias por tu tiempo, por tu sonrisa, por tu brazo rodeando mi cuello y tu mano juntándose con la mía, por los buenos momentos y también por todos estos malos, mil gracias por todo. Mil gracias por hacerme sentir querido, incluso aunque nunca sabré si en verdad lo hiciste. Por haberme enseñado qué se siente tener un novio y terminar con él, espero que para el próximo ya no me duela tanto.
Y no lo niego, aún te quiero como no tienes una puta idea pero tú no eres quien me impide ser feliz, soy yo. Yo me interpongo en mi felicidad porque no quiero dejar entrar lo bueno, porque sé que al hacerlo, tengo que prepararme a perderlo algún día y sé que tú y yo nos volveremos a encontrar un día.
Me despido de ti, mi Villafuerte, porque algún otro hombre llegará y merece tener espacio suficiente por si quiere quedarse; limpiaré todo, que quede nada que haga que se vaya. Y en cuanto a ti, espero que puedas volver a amar sin temer, quiero que jamás sientas todo esto que me has hecho sentir, no lo mereces. Nadie. Me duele dejarte ir, porque es dejar ir una parte de mí, pero ambas deben irse. Ahora estoy solo, pensando en mi presente, en parte en mi futuro laboral, no sé qué sorpresas me tenga Puebla, pero estoy divertido con ello, con mi futuro. Casi feliz.


Deja un comentario