26 febrero, 2017

Con todo esto de los Oscars y «La La Land» (Dir. Damien Chazelle; 2016) en su cumbre, aún sin saber si ganará o no el Oscar ya que son las 22:11 al escribir esto, me decidí a escribir -una vez más- sobre eso que jamás entenderé pero por lo menos hago el intento: el amor.

¿Por qué nos enamoramos? ¿Por qué dejamos que el amor tome el rumbo de nuestra vida? ¿Por qué? Hace como tres o dos semanas me habló alguien que pensé que jamás volvería a hablarme. ¿Qué sentí? Vacío, nostalgia. Amor. ¿Lo extrañaba? Un chingo. Justo cuando vuelvo a estar soltero (estuve nueve meses en una relación en la que, desde un principio, dejamos en claro que lo más importante sería nuestra vida profesional y terminó cuando recibí mi ascenso al puesto que tengo ahora). Y no, no perdí el hilo. ¿A quién le hacemos más caso? ¿Al corazón o a la razón?

Estando con el sujeto A, no lo niego fui feliz aunque con muy poco amor y muy tarde que no lo debía porque ahora pensaba en él más que ayer, más mucho más. Y sí, mis notas en la escuela disminuyeron al terminar la relación, disminuyo mi vida social, mi vida profesional y mi vida en sí. Caí en el amor y no me pude levantar. Mi corazón se destrozó de una manera increíble, como jamás me había pasado. Y así estuve por un año. Luego me permití andar con un chivato de 19 años que vive en Puebla pero igual no duramos, sólo que en esta ocasión no me dolió. Y un mes después con el sujeto B, lo conocí de una manera tan chistosa y se podría decir que no fue la mejor manera de conocer a alguien.

Siguiendo con sujeto B: la forma en la que nos conocimos nos permitió salir a caminar y decidir si a)Follábamos o b)Nos conocíamos, yo sólo quería la a). «Hubiese sido lindo conocernos de otra manera», me dijo. A lo que le dije «Vayamos a caminar», y así inició nuestra relación. Empezamos a platicar por horas mientras caminábamos hasta que anocheció. Nos pedimos el teléfono para seguir en contacto. No es el niño más hermoso del mundo físicamente pero su belleza está en su interior y es verdad. A la segunda salida, una semana después, salimos a caminar de nuevo y en un prado nos sentamos y nos acostamos mirando al cielo, de repente el ver hacia el cielo, su grandeza y mi pequeñez me hizo llorar y lloré con mi cita, y le conté lo que he vivido y me sentí tan libre. Es raro cómo es tan fácil contarle nuestra vida a un desconocido y cómo nos sentimos mejor después de hacerlo.

De esa cita hubo una tercera y así hasta que sin preguntárnoslo ya éramos pareja, pero en esa segunda dije que lo más importante en mi vida sería mi vida profesional sobre la emocional y eso lo aceptó, viví cosas muy bonitas con él, mi di cuenta que en verdad puedo ser amado sin esperar algo a cambio, fue hermoso en la que ese niño me hizo su mundo, lamentablemente no pude hacer lo mismo con él y cuando llegó el momento, él me dio mi libertad. Ahora somos muy buenos amigos y ya hasta conozco a su novio nuevo.


 

¿A qué voy? A que en esta segunda relación importante en mi vida decidí hacerle caso a la cabeza de arriba, a la razón, a la madurez, no me dejé llevar por las emociones, disfruté una relación muy bonita, me apoyó en los últimos pasos de la universidad y en los primeros pasos de mi trabajo, estuvo a mi lado y se lo agradezco. Mis logros son suyos de cierta manera y ahora me siento bien estando separado, cosa que no me pasaba cuando me enamoré con el corazón. Lo amé, lo amé, lo amé, lo amo.

Aún amo a A y cuando me dijo que quiere empezar de nuevo conmigo, accedí totalmente aunque con miedo; miedo de sentir de nuevo un amor tan grande y un dolor tan fuerte. Fueron muchas emociones en esa noche de su regreso. No pude dormir. Ese fue un fin de semana muy pesado. Le dije que me arriesgaba y al otro día que no. Pero él siguió insistiendo y accedí. Y luego decidí que siempre no, y me volvió a insistir y ahora es todo tan diferente. Me llama, me busca, se interesa por mí. Me dice que me quiere. Cosas que jamás hizo en nuestro primer momento. Y me encanta, me enamora de nuevo. Se está tomando el tiempo para hacerlo. Es como Big cuando se da cuenta que Carrie es «the one». Algo así, y es válido. Y es bonito. El amor es bonito.

Pero el amor también está en la historia con B y en la historia de Mia (Emma Stone) y Sebastian (Ryan Gosling) en «La La Land», en la que ellos, a pesar de su amor, de su historia linda y rosa, también tienen sus sueños y van a por ellos. Se separan para poder cada quien alcanzarlos, y los alcanzan, y nos hacen llorar con ese epílogo pero así es la vida. Es soltarse, aprender, alcanzar, recordar, llorar, todo. La vida es todo.

Y eso es «La La Land», y a pesar de ser partidario de «Hidden Figures» (Dir. Theodore Melfi, 2016), no me molestaría que ganase «La La Land». Porque necesitamos ese tipo de historias románticas, rosas y reales en el cine, para enseñarlos que la vida es hermosa siempre y cuando exista el amor.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.