15 agosto, 2016
***¡¡¡Por favor, si eres de mente cerrada, homófobo, o simplemente no sabes lo que es una lectura erótica: abstente de leerla y por ley, supongo, tengo que decir que esta es una entrada (18+) o según dicte la ley en tu país!!!***
Ambos sabemos que no harás caso si eres menor.
Para leer la PARTE UNO, da click en el link.
PARTE DOS. FINAL.
El mañana llegó y todo volvió a ser como antes. Igual de seco y grosero. Era de esperarse si es closetero. Este día iríamos a recorrer las bahías de Huatulco y pensé que habría tiempo de conversar más y comer juntos pero todo el tiempo se anduvo con Alejandro, uno de los coordinadores del viaje, quien a leguas se veía que también quería con él, y yo, como no era de esperarse, ya estaba muriendo de celos.
Ya en el catamarán, estuve con dos de las chicas con las que me junté desde la primera noche y platiqué con ellas sobre el tema y así me estuve, con ellas por todo el recorrido. Buceé, nadé y comí. En todo el viaje, Eduardo me estuvo evitando, y yo, como si nada. Ya en el hotel, fui a mi recámara para bañarme y ahí estaba el maldito sangrón.
-Hola, Ricky -me dice en cuanto me ve-.
-Es Ricardo, no me gusta que me digan Ricky. Me gusta mi nombre -le respondo secamente-.
-Perdóname por ser tan grosero –me dice-.
-No te preocupes, no sé de qué hablas –le respondí siguiéndole su juego de closet. No quería ser más partícipe de su máscara y tampoco iba a permitir que me tratara mal-.
-Voy a salir a cenar con Alejandro, ¿vienes con nosotros? –me preguntó con cierto nerviosismo.
Ni siquiera lo volteé a ver ya que vería que la sangre me estaba hirviendo, ¡¿cómo se le ocurre decirme eso?! No sabía si aventarle lo que tuviera más cerca o darle un golpe.
-No, muchas gracias. Ya tengo muchos planes para hoy en la noche y no me llevo muy bien con Alejandro. Disfruta tu cena -no pude evitar voltear a verlo-.
Nos quedamos viendo a los ojos cierto tiempo y supe que me estaba enamorando de él.
Cabe resaltar que mis muchos planes de la noche era cenar con mis nuevas amigas y después subir a llorar largo y tendido por la pérdida de otro amor, pero no se lo iba a decir. ¡OBVIO!
Agarré mi ropa y me dirigí al baño para ducharme, ya estaba por ser la hora de la cena. Ahí dentro, como si algo me golpeara de momento, comencé a llorar, en silencio porque el seguía fuera. Abrí la regadera y dejé que el agua me disfrazara el rostro y ahí me quedé por largo rato, sentado mientras el agua caía sobre mí. Todo otra vez. Ahí mismo, bajo el caer del agua, hice la única cosa que sé para levantarme el ánimo, para llenar mi vacío: empecé por mi pecho. Acaricié mi cuerpo lo más que pude, me gustaba sentirme amando y deseando mi cuerpo. Jugué con mis pezones hasta endurecerlos; las orejas y mi abdomen, mi cuello y mi espalda; me toqué como deseaba que él lo hiciera, dejé mi pene para el final y empecé a subir y bajar la mano, y disfruté cada movimiento. Me gustó. Me sentí mío y supe que así debía ser por cierto tiempo. Cuando estaba por eyacular sentí que, después de tanto tiempo, me lo iba a dar. Llegué al orgasmo, eyaculé como nunca antes. Mi semen cayó en mi cuerpo y cara mientras el agua seguía bautizando mi cuerpo y me limpiaba a la vez. Me dolía el corazón. Tanto como los testículos, pero qué dolor tan más hermoso, tan liberado después de tanta tensión. Seguí jalándomela y eyaculé un poco más. Me lo comí.
Al salir del baño, me arreglé como nunca antes. Mode“Arrepiéntete, perro. Mira lo que dejas ir.” On. La verdad me veía muy guapo tanto que una de mis nuevas amigas sólo me dijo “Qué desperdicio, Ricky” y reímos.
En el restaurante no tuvimos que esperar a que nos asignaran mesa debido a que hice reservación antes de bajar y nos sentamos rápido. Cuando estábamos cenando, los vi llegar. Muy contentos y platicadores, como íntimos amigos, y así fue como mi cena empezó a caerme mal.
-¿Vamos a ir al show? -les pregunté. Lo que quería era distraerme y un poco de alcohol.
-Sí, ya reservamos nuestros lugares, así que no te preocupes por la hora –me contestó una de ellas-, ¿te sientes bien? Te noto raro.
-Sí, sólo que creo que ya estoy más que satisfecho.
Después de la cena fuimos al show y vi a un chavo muy guapo y nos sentamos junto a él.
Después de unas copas encima, no supe cómo pasó pero ya estábamos fajando en su recámara. Esos ojos grises me tenían apendejado, su piel blanca y cabello largo y negro me cautivó, es algo que siempre me ha gustado en las personas, la piel blanca y el pelo negro.
Su cuerpo, parecía de unos veinticuatro años, estaba muy bien para tener treinta y uno, cosa que me gustó más. Desnudo, dispuesto al rol que fuera con este chavo, me dispuse a disfrutar la noche y a no sentir celos por alguien que: a) no sabe lo que quiere; b) si lo quiere, no lo acepta y; c) estaba dándose a Alejandro mientras yo sufriendo por él y la ilusión que me causó en esos días.
Nos tocamos nuestras erecciones, la suya, larga, grosor normal, no le diría que no, blanca y con una bella cabeza rosada, se me hizo agua la boca y no resistí a mamársela. La engullí famélico. Atragantado. La sentí en mi garganta mientras inhalaba el olor de su escaso vello púbico, negro sobre esa piel blanca. Engullí sus aproximadamente diecisiete centímetros con mucho placer una y otra vez mientras lo masturbaba y masajeaba sus testículos. Estaba dilatándome de sólo imaginar su gran miembro dentro de mí, y mientras lo engullía, toqué mi ano, me empecé a dedear para hacerle espacio. Cuando estuve listo, paré de mamar y le dije que se acostara, le puse un condón, y con ese miembro erecto en estado vertical me fui sentando, poco a poco, acostumbrándome, sintiendo un dolor más fuerte para mitigar el otro, y a la vez, el placer que me daba sentir alguien tan guapo en mi interior. Una vez dentro y acostumbrado, empecé a cabalgar sobre él. No dejé que se moviera. Me moví cada vez más rápido y con mi ano lo apretaba, cosa que hizo que estuviera a punto de venirse, así estuve hasta que quise cambiar de posición y me puse en cuatro para que me lo hiciera de perrito. Yo mismo me ensartaba. Me encantó. Me vine sin necesidad alguna de masturbarme. Él se vino dentro, en el condón. Y así como acabamos, me quiso besar. No me dejé. Me vestí y salí de su habitación. Sin explicación alguna. No lo volví a ver.
Al salir de la habitación, me dirigí a la playa, sin más, sólo conmigo y mi soledad. Me quité la ropa, quedándome sólo en bóxer y me senté en la arena. Pensando en cómo es posible que a pesar de haber estado «lleno», metafóricamente, uno pueda sentirse tan vacío. Y ahí estuve, escuchando el mar, llorándole a un amor no correspondido, uno nuevo, y muchos otros viejos. El mar me relajó pero al mismo tiempo me deprimió más; en una de esas, una ola me tiró y me llevó con ella, fueron segundos pero me hizo reaccionar de golpe. Cuando algo te llega y te tira, debes levantarte con más fuerza y no dejar que te vuelva a tirar. Y dije que así lo haría con el mamila que tenía por compañero de cuarto, y de cama, para colmo.
Después de mi dos revolcadas, una con el chavo y otra con el mar, fui a la recámara para bañarme y dormirme. Y así fue, me bañé y en eso escuché que alguien entró a la habitación pero seguí dentro. Al salir, Eduardo estaba de pie junto a nuestra cama.
-Hola, ¿no saliste? – me preguntó con tono interesado.
-Ya sabes que no salgo, no me gusta beber. ¿Y tú? Pensé que estarías con Alejandro. ¿Son novios? – le pregunté sin esperar más. Directo y rápido.
-Tampoco me gusta beber y para nada, no somos novios. Sólo somos buenos amigos. De hecho, me dijo que viniera aquí. Para estar contigo. Le conté lo que siento.
Cuando dijo esto quedé petrificado.
-¿Estar conmigo? ¿Sientes? – respondí incrédulo.
-Sí, quiero estar contigo. Y… no sé qué madres siento –y así, sin más, toma mi cara y me besa. Lo beso. Lo toco. Me toca. Nos deseamos.
-¿Estás seguro?
-Más que nunca –me toma de la mano y me lleva a la cama.
Empieza a besarme poco a poco el pecho y yo le toco la espalda tan definida que tiene, y así sigue hasta llegar a mi pene, el cual ya está más que erecto y lubricado, y empieza a mamar. Una delicia. Lo miro y me mira, travieso y tímido. Le tomo la cara y lo jalo hacia mí y lo beso de nuevo, lo volteo y queda el acostado y yo sobre él, sin preámbulos, sólo con saliva sobre mi cabeza y en su ano, lo empiezo a penetrar. A pelo. Me encanta. Es delicioso sentirme dentro de él. Tan estrecho y caliente. Húmedo. Sus labios están más rojos que de costumbre y sus ojos son preciosos al mezclar el deseo y el cariño que ambos sentimos desde que nos vimos, algo me lo decía. Lo penetro cada vez más duro y el gime. Le encanta. Le sirvo. Le plazco. Me encanta verme entrando y saliendo de él y mi erección se mantiene firme y vibrante. Tengo sus piernas en mis hombros y es delicioso. Me jala para besarme.
Sin duda el tiempo pasa pero no nos percatamos, estamos solos y seguimos cogiendo de distintas maneras, sudando, gritando. Al cabo de una hora y media de coger sin cansarnos, nos venimos, yo dentro de él y él salpica mi barbilla al besarnos. Tenemos nuestro semen en el otro y es rico. Es excitante. Lo beso de nuevo y él a mí. Salgo de él. Me vuelve a besar.
-Nadie lo debe saber –me dice espantado-.
-Nadie lo sabrá, Eduardo. Tranquilo. Aquí estaré para ti.
-Gracias –sonríe y me besa. Lo abrazo y así nos quedamos dormidos, desnudos, cubiertos por el edredón.
Despertamos al llegar nuestros compañeros de cuarto como a las tres de la mañana y nos dejamos de abrazar hasta que se quedaron dormidos. Lo volví a abrazar, seguíamos desnudos y me talló su trasero sobre mi pene –ya erecto-.
-Para que no olvides cómo empezó todo –me dijo.
-Créeme que no lo olvidaré – le beso el cuello y tomo su mano y lo pego a mí.
Dicen que de lo bueno, poco. Al día siguiente me levanté temprano, él no, siguió durmiendo y fui a la playa, una última visita a mi amiga que me vio llorar la noche anterior, no me iba a ir sin meterme una vez más a la playa, y al entrar me dio la revolcada mi vida -otra-, sentí que me ahogaba pero así como entré, salí y me sentí vivo y completo. Feliz con la vida por ese viaje donde aprendí que no hay que suponer ni ponerse celoso sin preguntar, aún sabiendo que Eduardo no podría estar conmigo al regresar a nuestras vidas cotidianas me sentí bien por lo vivido. Porque, después de todo, fui correspondido, y salí del mar, no sin antes verlo ahí. De pie, en la arena, muerto de risa.
-¿Qué tal la revolcada? Jajajaja, mejor que la de anoche, supongo –me dice aún riendo con esa sonrisa tan hermosa-.
-Jaja, créeme que aprendí a no suponer, ninguna estará como la de anoche –le respondo-.
-La verdad no, me gustó mucho. ¿Crees que…
-Ya lo veremos, cuando estés decidido, y si quieres ahí estaré. Apoyándote.
-Gracias. Ya es hora de alistarnos para el check-out. Vamos.
Nos fuimos juntos a la habitación, platicando de más cosas, triviales pero importantes. Cada uno se baño por su cuenta y nos vestimos, ahí sí juntos. Tocar su cuerpo recién duchado fue delicioso, le lamí los pezones y se erectó, no lo dejé pasar y lo metí a mi boca, lo masturbe y lo seguí mamando. Gemía. Agarró mi cabeza y me cogió por la boca, mi lengua jugaba con su pene y yo estaba por ahogarme pero no importaba, así seguimos hasta que se corrió dentro de mi boca. Lo miré travieso.
-Ni se te ocurra, jaja – me dice.
Lo veo y trago su semen.
-Delicioso, señorito. Siga a dieta, por favor -le guiño el ojo y me besa-.
Terminamos de vestirnos y empacamos lo que nos faltaba, antes de abrir la puerta y salir, nos besamos. Fue un beso que ambos sabíamos sería el último, un beso largo que se disfrutó. Cada segundo que duró fue totalmente esperado y a la vez, triste. Salimos y nos dirigimos al lobby, ponemos las maletas en la respectiva hilera para cada camión, mismo camino, pero separados. Nos vemos y nos damos la mano. Su camión sale primero, lo busco con la mirada y nos encontramos, esbozamos una sonrisa y parte. Y así parte con él una parte de mí. Otro hombre que se va, otro que no sabré que pasó, pero estuvo. Y así como parte, se queda, como todos. Los que han venido. Y los que vendrán.


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