29 diciembre, 2013

NOTA: Esta es una entrada que escribí el día dieciocho de diciembre y pensé que la había perdido. Espero les guste y los haga reflexionar.

Hola, lector,

Estoy escribiendo esto mientras espero a que comience el evento navideño de mi escuela, la cual confirmo, no es puntual.

En este mes, diciembre, como el último del año, muchos de nosotros nos ponemos a reflexionar sobre lo bueno y malo que vivimos durante doce meses, personas sin ver, personas que llegaron, personas que llegaron y se fueron, momentos felices y tristes, momentos que, como sabes, no podrás volver a vivir ya que cada uno pasó y jamás habrá forma de regresarlo.

En cuanto a las personas, ¿por qué ahora las recordamos? La semana pasada me tocó ver en una tienda departamental a una señora, iba con su hermana, que se encontró con una «amiga» y le sonrió de una manera muy decembrina, y por esto me refiero a hipócrita, sí, falsa, plástica, me quedé analizándolas un rato, en la cara de ambas se veía mutuo aburrimiento y ganas de despedirse rápido, en cambio, se pusieron a hablar de los hijos (¿no existe otro tema?), de los esposos, de la casa, de la temporada, cosas sin importancia. Sí, me eché todo el chisme aprovechando que estaba en el departamento de libros y revistas. En fin, se despidieron y la primera señora que mencioné le dijo a su hermana que cómo le caía gorda la que acababa de saludar, ¡y le deseó felices fiestas! ¿Es que somos lo suficiente cobardes como para decirle a una persona en su cara que no nos cae bien? Si tenemos suerte, nosotros a ellos tampoco.

La hipocresía reina esta temporada, es el nuevo negro, vemos regalos por doquier, sonrisas y abrazos, creyéndonos los santos, los que hemos sido buenas personas en el año, los que merecemos los regalos de Santa Claus y el reino de los cielos, cuando en verdad nos las pasamos hablando mal de las personas durante el año entero, ¡¿POR QUÉ?! ¿Por qué hablar mal de las personas? Sí, también voy incluido en el regaño. ¿Por qué nos fijamos en los demás pero no en nosotros si no somos perfectos? ¿Qué ganamos al soltar tanto veneno? Últimamente, en mi caso, procuro no hablar mal, y ser un poooco más directo y, lo admito, me ha dejado algunas enemistades pero equis, uno de mis propósitos de 2013 fue éste, el dejar de hablar mal de las personas y ser directo.

Tenemos miedo de caer mal y quedarnos solos pero es parte de la vida, jamás le vamos a caer bien a todas las personas ni ellas a nosotros. La sociedad en la que vivimos ha ofrecido ciertas normas morales y sociales en las que se establecen parámetros para una sana convivencia entre individuos que habitan en un lugar determinado, éstas varían según el nivel socioeconómico en el que se esté por lo que no sé todas pero me tocó estar en el más hipócrita, donde sólo te hablan cuando puedes ser de beneficio y si no, no existes. ¿Por qué hemos perdido el valor de los humanos y lo hemos reemplazado por el valor económico? ¿Por qué hemos perdido la oportunidad de ver un rostro y apreciarlo, observar lo que trata de decir sin hablar y ayudar? Muchas veces estos rostros están gritando pero giramos la cabeza, nos hacemos a un lado y nos vamos con una falsa sonrisa con quien no necesita nuestro apoyo? Pero aún tenemos la desfachatez de hacernos los santos deseando felices fiestas de dientes para afuera cuando pudimos haber ayudado con una sonrisa a una persona y con eso hacerles una feliz vida. Piénsalo, ¿no?

Te invito a que hagas una buena acción en lo que resta del mes, que le sonrías a una persona que lo necesite, y no digas que cómo sabrás que lo necesita, eso se siente, lo siente tu lado humano. Sácalo y no tengas miedo de demostrar tu humanidad. Te deseo no sólo una feliz navidad, sino una feliz vida, plena y llena de bendiciones, de la que te puedas sentir orgulloso.

Te quiero.

Esto dilo por lo menos diez veces al día, nunca sabrás cuando dejes de hacerlo.

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